La verificadora que no puede verificar los suyos propios: Maximum Pleasure Guaranteed

Paula Saunders tiene un trabajo que consiste en comprobar que los hechos son hechos. Verifica datos para un medio de comunicación, rastrea fuentes, desmonta mentiras antes de que lleguen a publicarse. Es, en teoría, la persona menos susceptible del planeta a que la realidad la pille por sorpresa. Lo que Paula no ha podido verificar es su propia vida: el divorcio que no vio venir, el exmarido que ya tiene nueva pareja, la hija adolescente que la observa con una mezcla de amor y perplejidad, el apartamento en Queens donde todo es un poco más pequeño de lo que debería. Y ahí, en el fondo de ese caos ordenado, una conexión online con Trevor —un cam boy con el que Paula intercambiaba algo que no sabía exactamente cómo llamar— que de repente desaparece. Maximum Pleasure Guaranteed, la comedia negra de Apple TV+ creada por David J. Rosen y estrenada el pasado mayo, arranca exactamente en ese punto: cuando alguien que verifica hechos ajenos tiene que salir a buscar los propios con las manos vacías.

Paula Saunders no verifica sus propios hechos

La elección de Tatiana Maslany para este papel no es un casting de conveniencia —la actriz canadiense que ganó el Emmy con Orphan Black en 2016 por interpretar simultáneamente media docena de clones con personalidades radicalmente distintas— sino una decisión que solo funciona porque Maslany puede habitar las contradicciones de un personaje sin necesidad de resolverlas. Paula es genuinamente buena madre y genuinamente desastre en todo lo demás. Es inteligente en su trabajo y ciega en su vida personal. Es capaz de rastrear una fuente en tres horas y completamente incapaz de leer la habitación en la que lleva viviendo meses. Maslany hace todo esto sin pedir al espectador que le tenga simpatía ni que la juzgue: simplemente la pone en pie, le da peso físico, y deja que las contradicciones existan juntas como existen en la realidad. Lo que la actriz dice en entrevistas sobre el personaje aclara la lógica del approach: la traición del divorcio la dejó desconectada de su propio instinto, y Trevor —el cam boy que desaparece y cuya búsqueda pone en marcha la trama— consiguió sacar de ella partes más desordenadas y más honestas que las que mostraba en cualquier otro contexto. Hay algo en el anonimato online que le permitía ser más real que en su vida presencial, y la serie explora esa paradoja con la suficiente inteligencia como para no reducirla a una lección sobre los peligros de internet.

David Gordon Green y el tono que no pide permiso para cambiar

El otro gran activo de la serie es su negativa a señalizar los cambios de registro. Rosen y sus directores —David Gordon Green lleva el mayor peso, con Dan Sackheim, Damon Thomas y Alethea Jones distribuyéndose el resto— trabajan desde una inspiración declarada en los hermanos Coen: la violencia llega donde no la esperabas, la escena que debería ser dramática tiene un remate cómico, el momento que parecía ligero acaba con alguien muerto. Queens como escenario funciona mejor de lo que lo haría un barrio más cinematográfico: hay algo en esa normalidad de fondo —los equipos de fútbol infantil que aparecen en la trama con una pertinencia que tarda en revelarse, los apartamentos que huelen a divorcio reciente— que ancla el absurdo y lo hace creíble. El reparto de apoyo está a la altura de lo que exige ese tono: Dolly de León como la detective González tiene un mutismo implacable que funciona exactamente como debería funcionar el personaje que observa sin intervenir todavía; Murray Bartlett —que lleva años siendo uno de los actores más versátiles de la televisión americana— interpreta a Frank Budkin con una ambigüedad que la serie sabe cómo proteger; Brandon Flynn como Trevor carga con la responsabilidad de hacer creíble que alguien se conecte emocionalmente a través de una pantalla con este personaje, y lo consigue. La cinematografía de Joe Anderson juega con primeros planos y planos generales de una manera que es conscientemente hitchcockiana —Paula observando, Paula siendo observada, la ventana trasera actualizada a la era de las webcams— y la banda sonora de Wynne Bennett aprieta exactamente cuando toca.

Diez episodios que vuelan y un final que esconde sus cartas

Los diez episodios de entre treinta y cinco y cuarenta minutos pasan con una fluidez que es el mayor mérito formal de la serie: no hay relleno, no hay escenas de transición innecesarias, no hay momentos en los que la trama se pare a explicarse a sí misma. El problema es que esa velocidad también opera como mecanismo de distancia: las emociones de los personajes raramente aterrizan con la profundidad que el arco narrativo promete. Paula atraviesa cosas que deberían impactar de una manera determinada y la serie las procesa a la velocidad de la siguiente escena. El número dos tiene un tropiezo de ritmo que parece externo a la lógica interna de la historia —como si hubiera que ajustar el paso de la trama a algo que ocurre en otro sitio— y se nota. El final deja hilos sueltos de manera demasiado evidente para ser accidental: es la serie anunciando que hay una segunda temporada y que esta es solo la primera mitad del planteamiento. Eso es una decisión legítima, pero hace que el volumen uno se cierre con menos satisfacción de la que sus primeros episodios hacen esperar. La promesa temática —la intimidad digital, el anonimato que libera y el que destruye, la diferencia entre verificar hechos y entender personas— queda más insinuada que desarrollada.

Maximum Pleasure Guaranteed hace la mayoría de las cosas difíciles muy bien y algunas de las cosas importantes solo a medias. Maslany es el argumento definitivo para verla: hay muy pocos actores en este momento capaces de sostener diez episodios de comedia negra con una protagonista tan deliberadamente imperfecta y tan resistente a los mecanismos habituales de simpatía, y ella lo hace como si fuera sencillo. Si la segunda temporada se decide a ir más a fondo en lo que la primera solo apunta, la serie tiene todos los ingredientes para ser algo más que una de las mejores cosas del catálogo de Apple. Por ahora ya es eso, que no es poco.