Maternidad, lucha libre y ‘OnlyFans’: ‘Margo tiene problemas de dinero’, el regreso de David E. Kelley
En un ecosistema televisivo donde los proyectos a menudo languidecen durante años en los despachos de producción, Apple TV+ ha dado un golpe sobre la mesa con un despliegue de agilidad envidiable. Apenas veintidós meses después de que la novela homónima de Rufi Thorpe inundara las librerías, la plataforma ha estrenado Margo’s Got Money Troubles (distribuida en España bajo el descriptivo título de Margo tiene problemas de dinero), una comedia dramática de ocho episodios que se ha consolidado de inmediato como una de las ficciones más frescas, punzantes y adictivas de la temporada.
Orquestada por el incombustible showrunner David E. Kelley, la serie coge el testigo de la sátira suburbana contemporánea para facturar un relato crudo sobre la supervivencia económica y las grietas del sueño americano. Todo ello bajo la dirección de Dearbhla Walsh, quien logra equilibrar el tono para que la propuesta nunca pierda el norte entre el melodrama desgarrador y el humor gamberro.

El «sueño americano» en la era de los monstruos espaciales
La trama nos traslada a la realidad obrera de Fullerton, una localidad de los suburbios de Orange County (California) atrapada entre el conservadurismo acomodado y la precariedad de los desclasados. Allí seguimos los pasos de Margo Millet (una de las mejores interpretaciones de Elle Fanning hasta la fecha), una estudiante de literatura que ve cómo su futuro salta por los aires tras quedarse embarazada de su pusilánime profesor de universidad (Michael Angarano).
Abandonada a su suerte después de que este se niegue a pasarle manutención si no firma un estricto acuerdo de confidencialidad que oculte su infidelidad, y despedida de su empleo por no poder costear la guardería del pequeño Bodhi, Margo decide capear sus deudas abriéndose una cuenta en OnlyFans.
Lo que arranca como un tímido canal donde juzga qué pokémon se parece a las partes íntimas de sus suscriptores se transforma en un lucrativo negocio de tintes artísticos gracias a «HungryGhost», un avatar alienígena de piel verde con el que explota sus dotes para la escritura creativa mediante delirantes cortometrajes de serie B. A partir de ahí, la serie despliega una de las reflexiones más lúcidas de la televisión reciente sobre las nulas facilidades que el sistema estadounidense ofrece a las madres solteras de clase baja, forzadas a mercantilizar sus cuerpos para pagar pañales y alquileres.

Un núcleo familiar forjado entre el ring y la hipocresía
El gran triunfo de la serie reside en no dejar sola a su protagonista ante el peligro, rodeándola de una constelación de personajes rotos pero profundamente humanos. El núcleo familiar de Margo es pura dinamita pop: su madre, Shyanne (interpretada por una inmensa Michelle Pfeiffer que vive una auténtica revolución profesional), es una antigua camarera del Hooters resentida con el mundo, obsesionada con las apariencias y atrapada en un idilio de conveniencia con un pastor episcopaliano (Greg Kinnear) para alcanzar la estabilidad social y camuflar sus adicciones.
La tensión estalla con el regreso de Jinx (un Nick Offerman magistral en su contención dramática), el padre ausente de Margo, un exluchador profesional de pressing catch recién salido de rehabilitación que se muda con su hija para ejercer de inesperado niñero.
Jinx aportará a la joven la particular filosofía de supervivencia y la creación de personajes del cuadrilátero para ayudarla a gestionar su comunidad de suscriptores y protegerse de los ataques masivos en redes. La química que se genera en ese salón entre Fanning, Pfeiffer y Offerman es el verdadero motor emocional de la producción.

Un buffet de estrellas contra los juicios morales
Fiel a las costumbres de su creador, la serie es un caramelo para su reparto que huye del panfleto moral. La ficción se niega por completo a juzgar o estigmatizar el trabajo de Margo; al contrario, prefiere disparar sus dardos hacia la crueldad de la América puritana, encarnada en una implacable Marcia Gay Harden como la abuela paterna del bebé, dispuesta a iniciar una encarnizada y sucia guerra legal por la custodia del niño utilizando el OnlyFans de Margo como arma en los tribunales.
Es ahí donde el desfile de estrellas se completa con una divertidísima Nicole Kidman —que ejerce además como productora ejecutiva— en la piel de una antigua compañera de Jinx en la lucha libre reconvertida en abogada macarra, dispuesta a defender a Margo a golpe de carisma, picaresca y discursos incendiarios.
Si bien es cierto que el guion a veces peca de esa «comodidad de Kelleyland» que dulcifica los conflictos hacia el clímax final y nos asegura que las cosas no terminarán en una tragedia absoluta, la serie esquiva la sensiblería barata. Margo tiene problemas de dinero es una joya descarada, divertida y punzante que dignifica con orgullo la complejidad de la maternidad moderna.





