El Cementerio de los Libros Olvidados recobra vida: ‘La sombra del viento’ celebra 25 años de magia
Parece que fue ayer cuando nos perdimos por primera vez entre los pasajes neblinosos de la Barcelona de posguerra, pero la obra cumbre de Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento, ya ha soplado las velas de su un cuarto de siglo. Para conmemorar este fenómeno literario global, la editorial Planeta ha convertido el emblemático Ateneu Barcelonès —un palacio gótico suspendido en el tiempo y escenario crucial de las peripecias de Daniel Sempere— en el epicentro de un emotivo homenaje. Rodeados por la música que el propio autor componía al piano, los asistentes pudieron contemplar una fascinante exposición con decenas de las más de 50 traducciones que han consolidado a Zafón como el autor español más leído desde Cervantes, conquistando desde los complejos mercados nórdicos hasta el público de la Generación Z.
El encuentro sirvió también para recordar el milagroso nacimiento del mito en 2001, cuando una modesta primera tirada estuvo a punto de ser relegada al formato de bolsillo si no hubiese sido por la insistencia de su agente, Antonia Kerrigan, de darle una última oportunidad navideña. Aquel pulso comercial dio paso a un huracán de más de 50 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Editores internacionales compartieron anécdotas memorables de cómo el libro pasó del anonimato al desabastecimiento absoluto en cuestión de horas en países como Alemania tras una apasionada recomendación televisiva, demostrando el poder imperecedero del boca a boca.
Como broche de oro para esta efeméride, se ha anunciado que el próximo 18 de noviembre se publicará una espectacular edición de lujo ilustrada por Pedro Oyarbide, repleta de desplegables y elementos tridimensionales que se lanzará simultáneamente en diez países. Además, para los que siguen extrañando la agudeza e inocencia del escritor barcelonés fallecido en 2020, el periodista Sergio Vila-Sanjuán ya prepara la primera semblanza biográfica y literaria oficial del autor. Una doble dosis de nostalgia y coleccionismo para certificar que, tal y como pretendía el propio Zafón, sus historias siguen siendo infinitas.





