‘Zodiac’ con IRPF: ‘Celeste’ es el thriller tributario definitivo y el triunfo absoluto de Carmen Machi

El cine y la televisión nos han enseñado que los inspectores de Hacienda suelen ser esos burócratas planos que aparecen en el tercer acto para arruinarle la fiesta al gángster o al antihéroe de turno. Nadie quiere ser el recaudador. Sin embargo, el guionista Diego San José (Ocho apellidos vascos, Vota Juan) se ha propuesto un reto mayúsculo con ‘Celeste’, la nueva y deslumbrante miniserie original de Movistar Plus+ en coproducción con 100 Balas (The Mediapro Studio): convertir una caza de brujas fiscal en un thriller obsesivo con la misma entidad, tensión y empaque formal con el que Hollywood filma una persecución a un asesino en serie. Definida con brillantez por su creador como «un ‘Zodiac’ pero con el IRPF», la ficción se desmarca por completo de la comedia gamberra que cabría esperar de su firma para consolidarse como una de las obras más maduras, milimétricas y rotundas del audiovisual español contemporáneo.

Una Sherlock Holmes gris tras la pista del fraude millonario

Aunque un astuto aviso legal al final de los créditos intente jugar al despiste asegurando que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, el punto de partida de Celeste es un espejo transparente del mediático litigio real entre la Agencia Tributaria y la estrella colombiana Shakira. Aquí la evasora es Celeste (Andrea Bayardo), una jovencísima e icónica diva de la música latina que arrastra masas y llena estadios mientras maquilla su «contabilidad creativa» para no declarar sus ingresos en territorio español. Pero el foco de San José no está en el glamur de los escenarios ni en el victimismo de la celebridad, sino en el reverso más gris e invisible del sistema: el despacho de Sara Santano (Carmen Machi).

A sus 62 años, viuda y a las puertas de una prejubilación que le provoca un vacío existencial pavoroso, Sara recibe el encargo definitivo de su carrera: demostrar que la cantante pasó en España un año atrás al menos la mitad del año más un día (el límite legal de los 183 días) y que, por tanto, debe tributar más de veinte millones de euros a las arcas del Estado. Lo que arranca como una rutinaria revisión de cuentas se transforma en una investigación de campo obsesiva, un juego del gato y el ratón donde la inspectora muta en una suerte de Sherlock Holmes de provincias. Ayudada por pósits, extractos bancarios y las confesiones de Toni (Manolo Solo en un rol de paparazzo melancólico sencillamente espectacular), Sara irá reconstruyendo el día a día de la artista para arrancar la verdad al opulento entorno de la música.

El viaje interior y la dirección de Elena Trapé

La genialidad de Celeste no reside únicamente en la fascinante precisión técnica y policial con la que retrata el entramado tributario, sino en cómo utiliza el conflicto fiscal como vehículo para explorar la psicología de su protagonista. A través de seis episodios compactos de 30 minutos, la cineasta Elena Trapé (Els encantats) despliega una dirección sobria, concisa y profundamente deudora del thriller estadounidense de los años 70. Apoyada en la fotografía de tonos acerados, grises y azules apagados de Álex García, Trapé huye del artificio visual para encerrarnos en la monotonía de Sara.

La serie acierta de pleno al retratar la crisis de identidad de una mujer adicta al trabajo que se da cuenta de que ha entregado toda su juventud a la burocracia del Estado, descuidando su feminidad, a su hija y su vida personal. El choque frontal entre la sobriedad funcional de Sara y el universo hipersexualizado, libre y empoderado de Celeste genera un magnetismo psicológico brutal: Sara no solo persigue a un delincuente fiscal; se obsesiona con ella porque representa todo lo que ella nunca se permitió ser. La comedia, tal y como advierte San José, brota de forma orgánica y casi a su pesar, fruto de la tremenda tristeza e incomodidad de las situaciones cotidianas, sin necesidad de recurrir a chistes fáciles ni a gags histriónicos.

Veredicto: Un triunfo dramático impecable

‘Celeste’ es una de las series del año y la constatación de que Diego San José es uno de los escritores más lúcidos de nuestra industria. Con un metraje ajustadísimo que va directo al grano y esquiva cualquier atisbo de relleno melodramático, la producción logra la utopía de humanizar a Hacienda y poner al espectador del lado del recaudador, ejerciendo de agudísima abogada del diablo frente a la hipocresía social que perdona los desfalcos multimillonarios a los ídolos de masas. Coronada por la que es, sin discusión, la interpretación más compleja, contenida y magistral de la carrera de Carmen Machi, Celeste es un thriller de guante blanco y factura impecable que se devora de una sola sentada. Una joya imprescindible.