Ángel y demonio de la ‘gig economy’: Crítica de ‘Movida celestial’ (‘Good Fortune’)
El camino hacia el debut cinematográfico de Aziz Ansari ha estado plagado de baches dignos de una comedia de enredos negra. Tras el traumático colapso en 2022 de su proyecto inicial, Being Mortal, debido a las acusaciones de acoso contra Bill Murray, el creador de la serie de culto Master of None decidió reagrupar sus fuerzas. Inspirado por el arrollador y milmillonario éxito en cines de Barbie, Ansari se propuso una misión casi quijotesca en el Hollywood actual: devolver las comedias puras de alto concepto a las salas comerciales. El resultado es ‘Movida celestial’ (Good Fortune), una ambiciosa y gamberra fábula de intercambio de vidas con calificación R que, pese a quedarse a las puertas de recuperar su presupuesto de 30 millones en taquilla (recaudando 26 millones), se consolida como una de las propuestas más valientes, divertidas y divisivas de la temporada.

Un ‘Entre pillos anda el juego’ en la era de los falsos autónomos
La premisa de la cinta fusiona el espíritu moral de ¡Qué bello es vivir! con la sátira socializada de Entre pillos anda el juego, pero adaptada a las miserias de la América de las plataformas digitales. El propio Ansari interpreta a Arj, un frustrado montador de documentales atrapado en la rueda de hámster de la gig economy: duerme en su coche y encadena extenuantes jornadas como repartidor de comida a domicilio o mozo de almacén. Su caótica realidad choca frontalmente con la de Jeff (Seth Rogen), un insoportable e indulgente magnate tecnológico rodeado de lujos absurdos y reuniones banales regadas con sushi de importación.

El choque de clases y el reduccionismo de los ricos
El conflicto estalla cuando Gabriel (Keanu Reeves), un ángel de la guarda de bajo rango con una alarmante torpeza celestial, decide intervenir de forma unilateral. Convencido por el «buenismo» celestial de que el dinero no da la felicidad y de que Arj aprenderá una lección si experimenta las supuestas cargas morales de la opulencia, Gabriel intercambia mágicamente las vidas de ambos hombres. Sin embargo, el tiro le sale estrepitosamente por la culata: Arj descubre que tener millones en el banco soluciona el 99% de sus problemas cotidianos y se niega en rotundo a revertir el hechizo, provocando que el desdichado ángel pierda sus alas y sea degradado a la condición humana.
Es en este punto donde la película despliega sus mejores armas estéticas, pero también sus mayores costuras narrativas:
- La mirada del privilegio: A nivel discursivo, el guion de Ansari peca de una tremenda ingenuidad. Aunque el retrato inicial de la precariedad laboral resulta dolorosamente reconocible, las conclusiones a las que llega la cinta adolecen de un reduccionismo alarmante. Se nota en exceso que la crítica social está escrita desde una posición de absoluto privilegio, despachando dilemas estructurales complejos con soluciones simplistas y bienintencionadas del estilo de «¿eres pobre? Pues no seas pobre», cayendo en un tramo final edulcorado que se siente un tanto inmerecido.
- La redención a través del reparto: Donde la película tropieza en su mensaje político, sale completamente indemne gracias al arrollador carisma de su elenco coral. Keke Palmer derrocha magnetismo y autenticidad como Elena, una cajera combativa empeñada en sindicar a sus compañeros, aunque su química romántica con Ansari se sienta algo descafeinada. Por su parte, Seth Rogen realiza un trabajo brillante y divertidísimo mostrando la patética y coherente evolución de un multimillonario obligado a morder el polvo de la clase obrera.

Keanu Reeves se corona como el rey de la función
Sin lugar a dudas, el auténtico corazón y el mayor acierto de la producción reside en la serenidad marciana de Keanu Reeves. El actor de Matrix se aleja por completo de su encasillamiento en el cine de acción para regalar una interpretación desternillante y llena de matices que ya le ha valido una nominación a los premios Astra. Ver al habitualmente estoico intérprete encarnar a un ángel caído desaliñado que experimenta por primera vez los placeres terrenales de fumar un cigarrillo, comer nuggets de pollo o lavar platos para ganarse el pan es un absoluto deleite cómico. Reeves carga el peso de la película sobre sus hombros con una ternura y un timing humorístico descomunal, elevando el listón de una dirección que, en manos menos carismáticas, habría naufragado debido a un montaje ciertamente atropellado en su tercer acto.

Veredicto: Para los amantes de la comedia pura
‘Movida celestial’ es una valiosa rara avis en los tiempos que corren; una superproducción que no tiene miedo de tomar riesgos narrativos y visuales para arrancar la carcajada limpia del espectador. Aunque su discurso sobre la lucha de clases carece de sutileza y su resolución resulte precipitada, la cinta rebosa una honestidad, una empatía y una mala leche tan sanas que es imposible resistirse a sus encantos. El debut tras las cámaras de Aziz Ansari demuestra que hay vida inteligente y valiente más allá de las franquicias clónicas, y solo por ver a Keanu Reeves devorando hamburguesas con rostro angelical, la experiencia merece encarecidamente la pena.





