La hipocresía vecinal a examen: Crítica de Votemos (2025)
Tras su paso por el cortometraje nominado al Goya y una exitosa adaptación teatral, Santiago Requejo expande su universo vecinal en ‘Votemos’ (2025). La película, que cuenta con un reparto coral de primer nivel donde destacan Clara Lago, Tito Valverde y Gonzalo de Castro, se aleja de la comedia de brocha gorda para instalarse en un naturalismo incómodo que disecciona nuestra supuesta tolerancia.

La hipocresía en el rellano
La premisa es de una sencillez aplastante: una junta de propietarios convocada para votar el cambio de un ascensor se transforma en una guerra abierta cuando se descubre que uno de los vecinos va a alquilar su piso a una persona con problemas de salud mental. Es aquí donde la película brilla, utilizando el salón de un piso desvencijado de Madrid como metáfora de una sociedad claustrofóbica que presume de valores que no está dispuesta a aplicar cuando la convivencia le toca de cerca.
A diferencia del cortometraje original, que apostaba por el plano secuencia, Requejo utiliza aquí un montaje ágil y una planificación minuciosa de Kiko de la Rica para que el espectador no sienta que está ante «teatro filmado». La cámara se convierte en un observador de la realidad que capta cada mirada de desprecio y cada dardo envenenado, moviéndose entre la tensión de ‘Doce hombres sin piedad’ y el cinismo de ‘Perfectos desconocidos’.

Un reparto en estado de gracia
El motor de la cinta es, sin duda, su elenco. Raúl Fernández de Pablo sostiene gran parte del peso dramático con una interpretación contenida que evita la caricatura, mientras que Charo Reina protagoniza algunos de los momentos más emotivos del metraje. El guion, afinado y afilado, no se limita a hablar de salud mental; por el camino reparte estopa sobre la precariedad de la vivienda, el choque generacional y esa soledad amarga que envuelve a unos personajes que terminan comportándose de la misma forma que critican.
Quizás el único punto flaco sea una tendencia, hacia el final del metraje, de elevar demasiado el tono y polarizar las posturas de forma algo estridente en comparación con la mesura del inicio. Aun así, la película se salva gracias a su honestidad y a una duración ajustada que se agradece en estos tiempos.

Conclusión
‘Votemos’ es una comedia amarga necesaria que pone un espejo frente al espectador para preguntarle qué votaría él si el «problema» llamara a la puerta de al lado. Es un ejercicio de cine costumbrista bien entendido, pegado a nuestras broncas de ascensor, que deja un regusto amargo sobre la distancia que separa lo que creemos ser de lo que realmente somos.





