‘Avengers’ de Busiek y Pérez (1998): El Escuadrón Supremo y el regreso que Marvel necesitaba
Cuando Onslaught destruyó a la mayoría de los Vengadores y la Patrulla-X en el verano de 1996, Marvel no tenía una solución narrativa para lo que vendría después: optó por externalizar las franquicias dañadas a dos estudios con sus propias visiones de los personajes. Rob Liefeld recibió a los Vengadores y al Capitán América. Jim Lee recibió a los Cuatro Fantásticos y al Hombre de Hierro. El resultado, conocido como Heroes Reborn, fue un año de versiones simplificadas y continuidades alternativas que la mayoría del fandom recibió con la misma mezcla de extrañeza y decepción que produce cualquier sustituto que no entiende del todo qué reemplaza. Cuando terminó el contrato y Marvel recuperó los derechos, el reto era doble: devolver a los personajes a su universo de origen con suficiente dignidad como para que la interrupción pareciera un paréntesis, y encontrar el equipo creativo que supiera hacer eso sin que pareciera un gesto de restauración museística. El equipo fue Kurt Busiek y George Pérez.

La señal de intenciones llegó antes del primer número. Busiek había declarado públicamente lo que no iba a hacer: ni el Tony Stark adolescente que había introducido la infame saga de The Crossing, ni la versión insecto de Janet Van Dyne que los años previos habían dejado pendiente. El saneamiento era la agenda, pero el método era la ambición: el número uno de febrero de 1998 se abría con un plano de doble página en el que aproximadamente treinta y nueve héroes que habían sido Vengadores en algún momento de la historia del equipo aparecían reunidos en la Mansión Vengadora, con Pérez diseñando cada uno en su traje más reconocible y con la escala de la imagen como primera declaración del tipo de tebeo que seguiría. La responsabilidad de la escena era enorme. La ejecutaron perfectamente.

La conquista de Morgan: Pérez diseña el mundo medieval y Busiek recuerda por qué estos personajes importan
Los tres primeros números —»La conquista de Morgan»— funcionan con la lógica del golpe de efecto que sabe que tiene que justificarse en la ejecución, no en la premisa. Morgan Le Fay había estado manipulando la situación desde antes de que los Vengadores se reunieran: su plan consiste en activar la conexión entre ella y la Bruja Escarlata —cuya magia del caos le proporciona una palanca sobre la realidad que ningún hechicero ordinario tiene— para reescribir el mundo como un reino medieval en el que ella es la soberana absoluta. Los treinta y nueve Vengadores quedan atrapados en esa realidad con identidades alteradas al servicio de Morgan. El Capitán América, cuya voluntad es el elemento narrativo que el guion de Busiek usa como contrapeso a cualquier amenaza de este tipo, retiene la memoria de quién es y comienza a reconstruir la resistencia a partir de lo que puede recuperar.

Lo que hace que el arco funcione más allá de su premisa espectacular es el trabajo visual de Pérez sobre el material que le da Busiek. Cada uno de los Vengadores atrapados en «Morgania» lleva un traje medieval diseñado ex profeso: Pérez diseñó todos y cada uno, trasladando la iconografía de cada personaje a la gramática visual del mundo de Morgan sin que ninguno perdiera su identidad. Thor con armadura nórdica reforzada. La Avispa en una versión insectoide que anticipa la amenaza de lo que podría haber sido su arco. El Capitán América como «Yeoman América», con escudo pero despojado de su simbología habitual. El trabajo de diseño de esas páginas es el equivalente visual del argumento estructural de Busiek: que estos personajes tienen tanta densidad acumulada que sobreviven a la transformación sin perder lo que los hace reconocibles.

El arco se cierra con consecuencias reales. La Visión, cuyo cuerpo es destruido durante el conflicto con Morgan, sale del arco en un estado que Busiek usará en los meses siguientes para explorar la relación entre Vision y la Bruja Escarlata desde el ángulo más doloroso posible. No es el único hilo que el arco abre, pero es el más duradero.

Del regreso a la franquicia: Justice, Firestar y la arquitectura del equipo que Busiek necesitaba construir
De los treinta y nueve Vengadores del primer número, Busiek reduce el equipo activo a trece: Capitán América, Hombre de Hierro, Thor, Ojo de Halcón, Bruja Escarlata, Visión, Gigante-Man, la Avispa, Pantera Negra, Justice, Firestar y Warbird. La decisión de incluir a Justice y Firestar —dos personajes que venían de la Nueva Warriors y que representaban la generación siguiente de héroes que querían ser Vengadores desde niños— es la apuesta más clara de Busiek sobre el tipo de historia que quería contar: no solo la restauración del pasado sino el diálogo entre ese pasado y quienes crecieron mirándolo desde fuera. Justice y Firestar llegan con la reverencia del fan y se tropiezan con la distancia entre el mito y el grupo de personas que lo construyen. Esa tensión entre admiración y decepción funcional es uno de los subtramas más honestas de la primera etapa.

Los números cuatro al siete amplían el espacio narrativo con la estructura de arcos breves y subtramas entrelazadas que sería el sello de Busiek durante toda su etapa. El retorno de Simón Williams como Wonder Man —que había muerto en sus propias series y cuyos poderes de energía iónica lo convierten en un problema de continuidad que Busiek resuelve provisionalmente— introduce la complejidad emocional que el guionista prefiere a los grandes golpes de efecto: Simon y la Bruja Escarlata tienen una historia que el equipo no puede ignorar, y el guion no pretende que pueda. El hilo de la Comprensión Trina —el culto que empieza a utilizar superhéroes como portavoces de su mensaje— se introduce en estos números como el arco largo que tardará más tiempo en desarrollarse, pero cuya función inmediata es establecer que el mundo de los Vengadores en 1998 tiene una vida política y mediática que el de 1968 no necesitaba tener.

El problema más inmediato que los números cuatro al siete establecen, y que el crossover resolverá de manera directa, es Warbird. Carol Danvers aparece en esta etapa con un problema de alcoholismo que afecta a su rendimiento como Vengadora. Busiek lo introduce con la discreción del guionista que sabe que el personaje ya ha sido empujado demasiado lejos demasiadas veces —Carol Danvers lleva décadas siendo uno de los personajes más maltratados de la historia de Marvel por causas que tienen más que ver con decisiones editoriales que con la calidad del personaje—, pero lo introduce de todas maneras porque la historia que quiere contar necesita que el problema sea visible.

El Annual de Pacheco y el crossover Kree: la primera gran prueba de lo que el equipo puede hacer cuando el mundo les dice que fallen
El Annual de 1998 —dibujado por Carlos Pacheco y enfrentando a los Vengadores contra el Escuadrón Supremo— cumple la función que los annuals clásicos cumplían antes de que la industria los convirtiera en eventos menores: es un número de gran escala con un equipo artístico que no es el habitual pero que tiene suficiente autoridad visual para sostener el tipo de acción que el guion le pide. Pacheco, que en ese momento era uno de los dibujantes más solicitados de Marvel, maneja los combates entre los dos equipos con la claridad del narrador que entiende que el Escuadrón Supremo es el JLA de DC reescrito en clave Marvel, y que el enfrentamiento entre ambos grupos lleva décadas siendo el ejercicio de comparación que el fandom esperaba. La resolución —el conflicto está orquestado, los miembros del Escuadrón están siendo manipulados— es la que el guion necesita para establecer que la amenaza real es otra. Y esa otra amenaza son los Kree.

«Live Kree or Die» cruza cuatro títulos —Iron Man #7, Captain America #8, Avengers #7 y Quicksilver #10— con una coherencia narrativa que los crossovers de la época raramente alcanzaban. La amenaza Kree sobre la Tierra obliga a los Vengadores y a los aliados de otros títulos a actuar coordinadamente, pero el material más interesante del crossover no es la amenaza alienígena sino lo que ocurre dentro del equipo durante la crisis: Warbird actúa bajo la influencia del alcohol en un momento en que sus decisiones tienen consecuencias mortales, y los Vengadores se ven obligados a hacer lo que ningún equipo quiere hacer con uno de los suyos. El juicio formal que sigue —con el Capitán América como árbitro de un proceso que la propia Carol Danvers no puede permitirse perder— es el tipo de escena que Busiek maneja mejor: la mecánica institucional del equipo usada como reveladora del carácter de sus miembros, sin que ninguno salga simplificado.

Que Carol Danvers acabe dimitiendo antes de que el veredicto formal llegue es la decisión narrativa que preserva tanto su dignidad como la del equipo: no es expulsión sino salida, y la diferencia importa para lo que Busiek tiene planeado para el personaje más adelante. El crossover cierra así el primer bloque de la etapa —siete números regulares más un annual más cuatro números de otros títulos— con la demostración de que la nueva era de los Vengadores no iba a contentarse con la restauración. Iba a hacer que la restauración costara algo.





