Si pensabas que tras La peor persona del mundo Joachim Trier se iba a acomodar en la comedia generacional, prepárate para un «lío de padre» de proporciones bergmanianas. ‘Valor sentimental’ (Affeksjonsverdi) no es solo una película; es una autopsia emocional realizada con la precisión de un cirujano y la melancolía de un domingo de lluvia en Oslo.
El patriarca herido y las hijas que no olvidan
La premisa es un clásico del cine europeo: padre ausente y ególatra intenta redimirse cuando ya es casi demasiado tarde. Pero en manos de Trier, esto se convierte en un laberinto de espejos. Stellan Skarsgård (vencedor del Globo de Oro por este papel) interpreta a Gustav Borg, un director de cine que, ante el fracaso de su vida personal, decide hacer lo que mejor se le da: convertir su trauma en guion.
La dinámica entre las hermanas es el corazón que bombea la cinta:
- Renate Reinsve (Nora): La musa de Trier vuelve a demostrar que nadie retrata el pánico escénico y la vulnerabilidad como ella. Su rechazo a interpretar a su propia abuela en la película de su padre es el eje moral de la historia.
- Inga Ibsdotter Lilleaas (Agnes): El contrapunto perfecto, la hermana que cargó con la normalidad para que Nora pudiera ser la artista rota.
Una casa que es mucho más que madera roja
La casa familiar es el cuarto personaje en discordia. No es un refugio, es una trampa de recuerdos. Trier utiliza el espacio de forma magistral, recordándonos que los objetos tienen ese «valor sentimental» que a veces nos ancla al pasado de forma destructiva.
La inclusión de Elle Fanning como la estrella de Hollywood que viene a «sustituir» a la hija en la película dentro de la película es un movimiento brillante. Aporta ese toque de sátira sobre el cine de autor europeo y funciona como el catalizador necesario para que estalle el conflicto doméstico.
¿Obra maestra o melodrama contenido?
Aquí no nos andamos con chiquitas: la película es impecable, pero quizás le falta un punto de transgresión para ser ese terremoto que fue su obra anterior. Es un Trier más maduro, más sobrio, que prefiere el susurro de Bergman al grito posmoderno.
Dicho esto, el tramo final es de los que te dejan pegado a la butaca. Trier juega con la realidad y la ficción hasta que no sabes dónde termina el rodaje y dónde empieza la reconciliación real. Es un ejercicio de cine dentro del cine que no resulta pedante, sino profundamente sanador.
Veredicto
‘Valor sentimental’ es cine con mayúsculas. Una exploración sobre cómo el arte puede ser una herramienta egoísta para la redención, pero también el único lenguaje capaz de explicar lo que el orgullo calla. Nueve nominaciones al Oscar no son un regalo; son el reconocimiento a una película que se atreve a decir que la familia es ese lugar donde siempre hay grietas, pero por donde también entra la luz.
Lo mejor: El duelo interpretativo entre Skarsgård y Reinsve. La dirección de fotografía, que convierte a Oslo en un estado mental. Lo peor: Un ritmo que, en su búsqueda del «cine introspectivo», puede resultar denso para los que busquen la ligereza de Julie (La peor persona del mundo).




