‘Outcome’: el mejor Reeves en años al servicio de la película menos resuelta de Hill

Outcome llega con el peso específico de las películas que deberían ser algo y no terminan de serlo del todo: el segundo largo de Jonah Hill como director, ocho años después del debut sensible y bien calibrado de Mid90s, con un reparto que incluye a Keanu Reeves en el papel más exigente de su carrera tardía, a Cameron Díaz en su primera comedia desde que anunció su retirada, a Martin Scorsese como actor y a Matt Bomer, Laverne Cox, David Spade y Kaia Gerber en los márgenes. Apple TV+ la estrenó en abril con la ambición de una película que tiene cosas que decir sobre Hollywood, la cancelación, la adicción y el perdón, y con el resultado de una película que las dice todas a la vez y ninguna del todo. Lo que Jonah Hill entiende del tema que ha elegido —y lo entiende, eso es visible— se enfrenta a lo que Jonah Hill no ha terminado de aprender como director, que es cuándo dejar de hablar.

La sátira, el drama y el abismo que separa las dos películas dentro de Outcome

Reef Hawk es una estrella de acción de Hollywood con cincuenta y tantos años, dos Óscars, veinte años de franquicias y cinco años de sobriedad forzada desde que el mundo decidió que ya había tenido suficiente. Cuando un video comprometedor aparece con precio adjunto, su abogado de crisis —Ira Slitz, al que Hill interpreta él mismo— le propone una estrategia de gestión del escándalo. Lo que Reef decide hacer en cambio es una gira de disculpas: visitar a cada persona a quien ha hecho daño a lo largo de su carrera, pedirle perdón en persona, y confiar en que eso sea suficiente para desactivar al chantajista. La premisa es buena y tiene dos películas en su interior: una sátira de la maquinaria de relaciones públicas de Hollywood y la cultura de la cancelación como industria —la que Hill parece querer hacer en los primeros veinte minutos—, y un drama íntimo sobre la redención y el coste real de haberse portado mal con las personas —la que emerge cada vez que Reeves está en pantalla sin que nadie le interrumpa.

El problema de Outcome es que Hill no elige entre las dos y no construye la película que contendría ambas. La primera necesita una lógica de farsa que el guion de Hill y Ezra Woods establece y luego abandona; la segunda necesita el espacio y el silencio que Reeves reclama en cada escena y que la presencia de Hill en el reparto —su personaje aparece con tanta frecuencia como el protagonista, y con música de acompañamiento que subraya los chistes que no han funcionado— hace imposible sostener. El resultado es una secuencia de escenas de las cuales las satíricas no son suficientemente divertidas y las dramáticas son genuinamente buenas, y que en conjunto no suman la película que cada una de sus partes prometía.

Reeves y la actuación que Outcome merece y no termina de merecer

Keanu Reeves lleva una parte significativa de su carrera tardía haciendo exactamente lo que este tipo de película le pide: encarnar a un hombre que ha procesado tantas cosas que lo que queda en la superficie es la quietud. Su Reef Hawk es una actuación construida sobre lo que no se dice —el peso del pasado, la especificidad del arrepentimiento, el esfuerzo físico de querer ser otro cuando el cuerpo recuerda quién eras— y tiene la clase de simplicidad que solo produce alguien que lleva el tiempo suficiente en la profesión como para haber dejado de demostrar nada. La escena con Welker White como su ex es el mejor momento de la película porque es el que más completamente pertenece a Reeves: sin música que dicte cómo sentirse, sin Hill editando los silencios antes de que produzcan su efecto, con el peso de lo que el personaje no puede decir funcionando mejor que cualquier diálogo que el guion haya escrito para él.

Martin Scorsese como Richie «Red» Rodriguez —el mánager que Reef Hawk culpa de una parte de lo que salió mal— es la otra razón principal para ver la película, y no solo por el dato de ver al director de Toro Salvaje interpretar a un hombre del negocio con sus propias cuentas pendientes: Scorsese actúa con la naturalidad de quien no tiene nada que demostrar en ese formato, y la escena que comparte con Reeves en la segunda mitad del film tiene más tensión y más verdad emocional que cualquier set piece cómico que Outcome intenta construir alrededor de ellos. Que la película los merezca es otra cuestión.

Díaz, Bomer y el reparto que la película reúne para no saber qué hacer con él

El regreso de Cameron Díaz debería ser el tercer gran activo de Outcome y es, en cambio, el síntoma más claro de lo que la película no termina de resolver. Kyle, el personaje que interpreta, es la amiga de la infancia de Reef cuya función narrativa es ser el puente entre el Reef de ahora y el Reef de antes, la persona que lo conoce desde antes de que se convirtiera en el problema que es. El guion le da suficiente presencia para que el espectador entienda por qué está ahí, pero no suficiente material para que la actuación de Díaz —que está cómoda en el personaje y lo trabaja con el equilibrio que se le conoce— produzca más que lo que ya está escrito. Lo mismo se aplica a Matt Bomer, cuyo Xander Alexander podría ser el complemento dramático de la historia central y que en la versión final es lo más parecido a un chiste recurrente que tiene personaje propio.

Benoît Debie —el director de fotografía de Irréversible y Spring Breakers, alguien cuya presencia en los créditos de una película de Apple TV+ constituye ya por sí mismo un dato— fotografía Outcome con una consistencia visual que el tono de la película no aprovecha: hay una paleta de decisiones cromáticas en los interiores de Hollywood que podría estar al servicio de una sátira más cortante o de un estudio de personaje más oscuro, y que en la versión que existe sirve de fondo neutro para escenas que no siempre saben qué clase de película está pasando en ellas. Jon Brion compone la música. En los momentos en que la película funciona —Reeves, Scorsese, cualquier escena en que el guion se olvida de que tiene que ser divertido— la música de Brion es lo que los conecta. En los momentos en que no funciona, es lo que los entierra. Outcome dura ochenta y cuatro minutos y tiene material para una película de cuarenta y para otra de ciento veinte. Que Jonah Hill no haya encontrado la que está en el medio es el resultado que la película anuncia desde el título sin proponérselo.