Leire Martínez: La redención de ‘aquella niña’ que ya no necesita permiso

El debut en solitario de Leire Martínez, titulado ‘Historias de aquella niña’, no es simplemente un disco de pop; es un ejercicio de supervivencia pública. Tras una salida de La Oreja de Van Gogh que solo puede calificarse de indecente por las formas tras 17 años de dedicación plena, la donostiarra ha respondido de la única manera que garantiza una victoria moral: con un álbum que suena a libertad, a herida cerrada y a una autonomía creativa que le fue negada —o que ella misma se negó— durante casi dos décadas.

El rugido tras el silencio

El álbum abre con «Mi nombre», una declaración de intenciones visceral que ya le ha valido un disco de oro. Lejos de la ambigüedad, Martínez lanza frases que son puñales de realidad: «Nunca fui tuya, búscate a alguien que me sustituya». Es un himno iracundo contra el ninguneo, una purificación que reduce a cenizas el pasado para construir sobre ellas algo propio, erigiéndose como un grito para todas las voces que se han intentado silenciar.

Sin embargo, el disco no se agota en la revancha. ‘Historias de aquella niña’ es un proyecto donde Leire, reconociendo sus propias inseguridades pasadas como autora, se ha rodeado de aliados estratégicos como Edurne en la elegante «No se me da bien odiarte» o el toque electrónico de los argentinos Miranda! en «El ruido». El resultado es un pop-rock maduro que, si bien hereda el ADN melódico de su etapa anterior —especialmente de la era Cometas por el cielo—, se permite lujos narrativos que antes parecían fuera de su alcance.

La artesanía de la nueva Leire

Lo que hace que este disco funcione no es solo el morbo del contexto, sino la honestidad de su propuesta. En temas como «Cabeza de ratón», escrita exclusivamente por mujeres como María Peláe y Alba Reig, la artista se sacude el estigma de «marioneta» para reclamar su lugar como «cabeza de ratón». Incluso cuando el álbum juguetea con figuras literarias clásicas de su etapa anterior, se percibe una intención distinta: ya no es una intérprete adaptándose a una fórmula ajena, sino una mujer validando su presente.

La vulnerabilidad alcanza su pico en la balada que da nombre al disco, «Aquella niña», donde Leire mantiene un diálogo sanador con su pasado y su propia infancia. Esta introspección convive con la crudeza de «Su maldición», un tema sobre violencia de género que demuestra que las temáticas de este debut son tan diversas como necesarias. El cierre, con la emotiva «Aquí estaré», funciona como una carta de agradecimiento a sus seguidores, confirmando que, aunque el escenario haya cambiado, su compromiso con la música sigue intacto.

Veredicto: El vuelo solitario

‘Historias de aquella niña’ es un renacimiento en toda regla. Leire Martínez ha conseguido que dejen de preguntarle cuándo vuelve «esa chica», para que empecemos a preguntarnos qué más tiene ella que decir. Es un disco que no busca el algoritmo, sino el corazón, y que confirma que la función de Leire acaba de empezar, y esta vez, ella tiene las llaves del teatro.