Mark Wahlberg y el arte de estrellarse en Brasil: Crítica de ‘Con un par (Balls Up)’

Hubo un tiempo en el que los hermanos Farrelly eran los reyes indiscutibles de la comedia cafre. Aquella racha gloriosa de Dos tontos muy todavía más tontos, Vaya par de idiotas y Algo pasa con Mary definió el humor de una generación a base de escatología con corazón. Pero tras el éxito académico de Green Book, parece que Peter Farrelly ha olvidado los ingredientes de su propia pócima. ‘Con un par’ (Balls Up), su última incursión en Prime Video, intenta recuperar ese espíritu de «peli de colegas en apuros», pero el resultado es más parecido a un autogol en el tiempo de descuento que a una jugada maestra.

La premisa tiene ese aroma clásico de «chiste de bar»: dos ejecutivos de marketing de medio pelo, Brad (Mark Wahlberg) y Elijah (Paul Walter Hauser), viajan a Brasil para intentar vender el «Centinela de Testículos», un preservativo que cubre… bueno, absolutamente todo. Tras provocar un incidente internacional durante la final de un Mundial (un Brasil-Argentina, para más inmi), la pareja debe cruzar el país huyendo de hordas de fans enfurecidos, carteles de la droga y situaciones que pretenden ser extremas pero terminan resultando agotadoras.

Un dúo con química, pero sin guion

Si hay algo que salva a la cinta del naufragio absoluto es su pareja protagonista. Paul Walter Hauser confirma que es uno de los mejores actores de su generación, dotando de una humanidad inesperada a un personaje que, sobre el papel, es un cliché andante. Por su parte, Mark Wahlberg explota esa faceta de «tipo duro que no para de quejarse» que tan bien le funcionó en The Other Guys. Verlo pelear contra un pez vampiro que decide alojarse en su anatomía más íntima (sí, ese es el nivel) nos recuerda que Wahlberg no tiene miedo al ridículo, aunque su carrera parezca atrapada en un bucle de producciones directas a plataforma que no le hacen justicia.

El problema real es que el guion, firmado por Rhett Reese y Paul Wernick (los cerebros tras Deadpool), se siente como un borrador descartado. Lo que en manos de los Farrelly de los noventa habría sido una sucesión de gags memorables, aquí se convierte en una colección de chistes sobre condones, gángsteres brasileños caricaturescos —con un Sacha Baron Cohen pasado de rosca que parece estar en otra película— y animales digitales poco inspirados.

¿El final de una era?

Visualmente, la película sufre ese mal endémico del cine de streaming moderno: una iluminación plana y un abuso de cromas que hacen que Brasil parezca un decorado de cartón piedra. A pesar de algunos destellos de ingenio —como una aplicación de traducción con la voz de Larry David—, la sensación constante es la de estar ante un producto manufacturado para rellenar catálogo más que ante una película con voz propia.

‘Con un par’ es entretenida si se ve con las expectativas bajo mínimos, pero duele ver a tanto talento (incluyendo a Benjamin Bratt o Molly Shannon) atrapado en una estructura tan perezosa. Al final, lo que prometía ser el regreso triunfal de Farrelly a la comedia gamberra se queda en una anécdota olvidable. Una pena, porque con ese reparto y ese punto de partida, lo lógico habría sido salir por la puerta grande y no pidiendo la hora.