Menos fuego y sangre, más barro y dignidad
Después de que La Casa del Dragón nos dejara con la sensación de estar viendo un culebrón de lujo en una sala de juntas perpetua, HBO ha decidido que lo que Poniente necesitaba era una ducha de realidad. ‘El Caballero de los Siete Reinos’ ha terminado su primera temporada de seis episodios y el consenso es claro: es lo más humano, divertido y, a ratos, escatológico que hemos visto en este universo. Pero, ¿es suficiente para sostener el trono?
El casting: Un tanque irlandés y un niño con más luces que el resto de los Targaryen
El gran acierto de la serie ha sido Peter Claffey como Ser Duncan «El Alto». Claffey (exjugador de rugby, se nota) clava ese aire de «no sé muy bien cómo he llegado aquí pero tengo principios» que define a Dunk. A su lado, el pequeño Dexter Sol Ansell como Egg es un robo de escenas constante. La química entre ambos es el motor de la serie; una buddy movie de manual donde el escudero es más listo que el caballero, pero el caballero tiene el corazón lo suficientemente grande como para no morir en el intento.
El tono: De la épica shakesperiana al humor de taberna
Si esperabas intrigas políticas de alto nivel, te has equivocado de posada. Aquí la trama es «cortita y al pie»: Dunk quiere participar en un torneo, se mete en un lío real y termina en un Juicio de Siete.
- Lo bueno: Se siente fresca. Es una aventura de caballeros andantes pura, sin profecías del Rey de la Noche dándonos la brasa cada diez minutos.
- Lo polémico: El humor. Algunos críticos (y nosotros en parte) se han quedado ojipláticos con el giro hacia lo escatológico. Pedos, vómitos y «humor de asco» que parece puesto ahí para rellenar los 30 minutos de episodio. Poniente siempre ha sido sucia, pero aquí a veces se pasan de frenada buscando la carcajada fácil.
El final: «The Morrow» y el golpe en la mesa
El final de temporada, estrenado hace apenas 48 horas, ha sido agridulce. La muerte del Príncipe Baelor (un Bertie Carvel que estaba inmenso) nos recordó que en el mundo de Martin las buenas acciones se pagan con el cráneo hundido. Sin embargo, el cierre ha sido más de «preparar el terreno» para la segunda temporada que de darnos un clímax cinematográfico. El gran «pero»: La revelación (vía flashback) de que Dunk nunca fue nombrado caballero oficialmente. Es un cambio respecto a la ambigüedad del libro que ha dividido al fandom. ¿Es Dunk un fraude o el único caballero verdadero en un reino de mentirosos?
Conclusión: Un aperitivo necesario
El Caballero de los Siete Reinos no es Juego de Tronos, y gracias a los Siete por ello. Es una serie más modesta, más contenida y mucho más fácil de querer. Ha demostrado que HBO puede contar historias en Poniente sin gastarse el PIB de un país pequeño en CGI de dragones.
Lo mejor: La relación Dunk/Egg y la escala humana. Por fin nos importa lo que le pasa a la gente que no se sienta en el Trono de Hierro.
Lo peor: El ritmo irregular de los primeros episodios y un humor que a veces roza lo infantil. Y sí, echamos de menos ese diálogo omitido de Steely Pate sobre los votos del caballero.
Calificación final: B+ (Un notable alto para una serie que sabe que ser «pequeña» es su mayor fortaleza).




