Un hombre fuera del tiempo, otra vez
Hay algo intrínsecamente trágico en la figura de Steve Rogers: siempre llega tarde al mundo. Chip Zdarsky, un guionista que ya ha demostrado en Daredevil que sabe diseccionar la moralidad de los iconos, toma las riendas del Volumen 14 del Centinela de la Libertad con una propuesta que se siente fresca y necesaria. Este primer arco, titulado Nuestras Guerras Secretas (que recopila los cinco primeros números de la serie de 2025), no es solo una aventura de acción; es una meditación sobre lo que significa servir a un país que ha cambiado sus ideales por sombras.
La dualidad de dos capitanes
La columna vertebral de este arco es la presentación de Dave Colton, un nuevo supersoldado que nace del trauma del 11-S. Zdarsky utiliza una narrativa magistral en dos líneas temporales para enfrentarnos a dos versiones del heroísmo. Mientras vemos a un Steve Rogers recién salido del hielo, intentando comprender un mundo que ya no es blanco o negro, seguimos los flashbacks de Colton en Afganistán.
Es aquí donde la crítica social de Zdarsky brilla con más fuerza. A través de Colton, vemos el reflejo de las intervenciones militares contemporáneas: el cinismo del «Tío Sam», el uso de soldados como activos desechables y esa ambigüedad moral de entrar en un país extranjero bajo la bandera de la liberación cuando, en realidad, se están barriendo secretos bajo la alfombra. El paralelismo es doloroso: Steve Rogers es el ideal romántico de la Segunda Guerra Mundial; Dave Colton es la cruda realidad post-moderna.
Infiltración en Latveria: Geopolítica de guantelete
La trama nos lleva a una misión de infiltración en Latveria, un escenario perfecto para que el Capitán se dé cuenta de que sus enemigos ya no llevan esvásticas, sino máscaras de hierro y discursos de soberanía. El primer encuentro (nunca contado) entre el Capi y el Doctor Muerte es una delicia de guion. Muerte no es un dictador al uso; es un soberano que cuestiona la supuesta «superioridad moral» de Estados Unidos, dejando a Steve en una posición incómoda donde su optimismo choca contra la realpolitik.
Un apartado gráfico de «notable alto»
Si el guion es inteligente, el dibujo de Valerio Schiti es, directamente, un espectáculo. Schiti tiene la capacidad de dotar al Capi de una humanidad vibrante en las escenas íntimas y de una fuerza icónica en las batallas contra los «Doombots». Su narrativa visual es tan clara que ayuda a navegar los saltos temporales sin perderse. Mención especial para el color de Frank Martin, que utiliza tonalidades pastel y difuminados para el pasado, dándonos esa brújula visual necesaria para distinguir las épocas.
Conclusión
Este primer arco no se cierra con una victoria fácil, sino con una nota agridulce y una decisión: la de Steve uniéndose a los Vengadores no por gloria, sino por la pura necesidad de ayudar a la gente en un mundo que se ha vuelto demasiado complejo para un solo hombre. Zdarsky ha plantado una semilla que nos hace cuestionar si el patriotismo histriónico tiene sentido hoy en día, o si el verdadero heroísmo reside, simplemente, en intentar ser «un buen hombre».
VEREDICTO: 🟢 IMPRESCINDIBLE
Chip Zdarsky y Valerio Schiti firman el mejor arranque del Capitán América en años. Una obra que respeta el mito pero le obliga a mirarse en el espejo de las guerras modernas. Un «must» absoluto.




