El caos con 160 de IQ que necesitábamos – Crítica de ‘High Potential’ (Temporada 1)
Olvídate de los laboratorios asépticos de CSI o de la sobriedad torturada de True Detective. Lo que propone ‘High Potential’ (que nos llega a través de Disney+) es algo mucho más vibrante, ruidoso y, honestamente, refrescante. Basada en el éxito francés HPI, la serie nos presenta a Morgan Gillory (Kaitlin Olson), una madre soltera que malvive limpiando comisarías de noche hasta que, en un arrebato de «perfeccionismo intelectual», decide corregir un tablón de investigación de la policía de Los Ángeles. ¿El resultado? Una «keli» con un coeficiente intelectual de 160 que acaba de consultora oficial porque ve lo que los profesionales, sencillamente, ignoran.
La premisa de «asesor externo brillante pero insoportable» es más vieja que el hilo negro (hola, El mentalista, Castle o Monk), pero aquí la diferencia la marca Kaitlin Olson. La actriz, curtida en mil batallas en It’s Always Sunny in Philadelphia, despliega una energía eléctrica e incandescente. Su Morgan es un terremoto de abrigos de pelo sintético, estampados imposibles y una verborrea que camina sobre la fina línea entre la genialidad y el trastorno obsesivo. Es el motor absoluto de una ficción que sabe que su concepto es disparatado y decide abrazar ese caos con orgullo.

El choque de dos mundos
El corazón de esta primera temporada reside en la química (esa «tensión sexual no resuelta» que es el abecé del género) entre Morgan y el detective Adam Karadec (Daniel Sunjata). Él es el orden, el protocolo y el método; ella es el instinto, la memoria fotográfica y la capacidad de deducir que un asesinato es en realidad un complot por un patrón de viento o el mecanismo de un maletero. Es una dinámica clásica de buddy movie que funciona porque Sunjata interpreta al hombre recto con la dignidad necesaria para que las excentricidades de Olson brillen todavía más.
Pero no todo son casos de la semana más o menos ingeniosos (como el del bailarín de claqué o el de la veterinaria envenenada). La serie se guarda un as bajo la manga: el misterio de Roman, el padre de la hija mayor de Morgan que desapareció hace 15 años tras salir a comprar pañales. Este hilo conductor le da a la serie el peso emocional necesario para que no se quede en una simple comedia de crímenes, recordándonos que detrás de cada deducción brillante hay una mujer que lucha por llegar a fin de mes y por cerrar las heridas de su propio pasado.

Veredicto: Televisión basura de la buena
Seamos claros: ‘High Potential’ no viene a reinventar la rueda ni a ganar premios a la profundidad existencial. Es lo que algunos llamarían «gorgeous trash TV»: una serie colorida, optimista, a veces inverosímil y profundamente entretenida. Es el tipo de ficción que te permite desconectar el cerebro mientras ves cómo alguien con un cerebro privilegiado conecta los puntos por ti.
Si buscas el nuevo The Wire, te has equivocado de edificio. Pero si buscas un pasatiempo inteligente, divertido y con una protagonista que se come cada plano, Morgan Gillory es tu nueva consultora favorita. Con una renovación ya confirmada para una tercera temporada, parece que tendremos el «alto potencial» de Olson para rato.






