Doug Liman contra Amazon: dos secuelas de Road House y un bar lleno de abogados

Ni en el Double Deuce habría tanta pelea. Doug Liman, director del remake de Road House (De profesión: Duro) para Amazon MGM, prepara una secuela rival al margen del estudio y sin Jake Gyllenhaal, mientras Amazon produce Road House 2 con otro equipo y otra dirección. Dos continuaciones enfrentadas, un mismo título y una disputa legal de fondo que haría sudar incluso a Patrick Swayze.

El origen del caos está en R. Lance Hill, guionista de la película original de 1989. Hill asegura haber recuperado los derechos de su guion bajo la Sección 203 de la Ley de Copyright de EE. UU., que permite a los autores reclamar sus obras 35 años después de su venta. Según él, Road House no fue un encargo de estudio, sino una obra escrita por iniciativa propia. Amazon sostiene lo contrario: que Hill vendió su guion a través de su empresa Lady Amos Inc. y, por tanto, pertenece al estudio. Resultado: demanda federal, acusaciones cruzadas y una secuela alternativa bendecida por Hill y dirigida por Liman bajo el título Road House: Dylan.

La jugada tiene algo de western posmoderno. Mientras Amazon rueda su propia secuela oficial —de nuevo con Gyllenhaal, Dave Bautista y Leila George, dirigida por Ilya Naishuller (Nadie)—, Liman prepara la suya reivindicando la autoría original. Una rebelión con aroma a justicia creativa: el mismo director que ya se rebeló contra Amazon por estrenar la primera Road House exclusivamente en streaming, pese a su contrato que preveía lanzamiento en cines.

El éxito del remake en Prime Video —más de 50 millones de visionados en sus primeras semanas— no calmó el malestar del director, que veía cómo su bonus de taquilla desaparecía en la nube. La ruptura con el estudio fue total. Ahora, con Hill a su lado, Liman levanta su propio ring: un duelo legal, artístico y simbólico sobre quién tiene derecho a reanimar una franquicia.

Todo esto mientras el cineasta mantiene otros dos proyectos igual de imposibles: la largamente esperada secuela de Al filo del mañana y aquella película con Tom Cruise que prometía rodarse literalmente en el espacio. En comparación, dos Road House simultáneas parecen casi terrenales.

El asunto va más allá de los puñetazos. En un Hollywood dominado por la nostalgia corporativa y los algoritmos de propiedad intelectual, Road House podría convertirse —una vez más— en el campo de batalla donde se decida quién es el verdadero dueño del espectáculo: el estudio o el autor.

Y en esta pelea, nadie parece dispuesto a dejar el bar antes del cierre.