Hay una línea muy fina entre la vulnerabilidad honesta y la cursilería de manual. Olivia Dean lleva un par de años caminando por ese alambre con la destreza de una funambulista que sabe que, si se cae, Capitol y Polydor han puesto una red de terciopelo debajo. Su segundo asalto largo, The Art of Loving (2025), llega con el aura de los grandes hitos: número uno en medio mundo, un Brit bajo el brazo y la bendición de una crítica que parece haber encontrado en ella la dosis de neo-soul que el cuerpo pide cuando el algoritmo se pone demasiado agresivo.
El disco no engaña a nadie. Si su debut, Messy, era el caos de quien busca su sitio, este trabajo es la institucionalización de su sonido. Dean ha pasado por la biblioteca, se ha leído a Bell Hooks y ha decidido que el amor no es un arrebato, sino una disciplina. El resultado es un álbum de 34 minutos que suena a domingo por la mañana en un piso de diseño: es impecable, huele bien y no tiene ninguna esquina que te pueda hacer daño.
Entre la calidez de Stax y el pulido de Los Ángeles
La producción es un desfile de nombres que saben cómo hacer que lo retro no suene a viejo. Desde Leon Michels hasta Julian Bunetta, el equipo ha construido un ecosistema donde conviven los vientos herederos de la Motown con una limpieza sonora casi quirúrgica.
- «Nice to Each Other» es, posiblemente, el mayor acierto del lote. Una pieza de pop luminoso que nos recuerda que la amabilidad es un acto revolucionario (o al menos, muy radiable).
- «Lady Lady» y «So Easy (To Fall in Love)» juegan en la liga de Sade o Wendy René, con percusiones que se sienten orgánicas y una Dean que maneja su voz con una contención envidiable. Aquí no hay gritos para demostrar que se sabe cantar; hay intención.
- Sin embargo, el peligro del pastiche acecha en cortes como «Close Up», donde el aroma a ejercicio de estilo retro es tan fuerte que uno se pregunta si estamos ante una artista con discurso propio o ante una excelente conservadora de museos musicales.
El «Efecto Harry Styles» y la madurez impuesta
Se ha hablado mucho de sus conexiones con la aristocracia del pop británico, y se nota. Hay un aire de «superestrella en proceso» que rodea temas como «Man I Need». La letra, que exige madurez y responsabilidad afectiva, es un reflejo de estos tiempos donde ir a terapia es casi un género musical en sí mismo. Dean canta con una sabiduría que asusta, como si a sus 26 años ya lo hubiese visto todo y nos lo explicara desde una posición de superioridad moral muy bien vestida.
La duda que nos queda es si esta perfección no terminará por pasarnos factura. The Art of Loving es un disco de una plasticidad hermosa, una colección de canciones que te alegran el día y te acompañan mientras teletrabajas. Pero, ¿seguiremos hablando de él cuando el próximo fenómeno del soul-pop nos venda otra forma de amar? Por ahora, Olivia Dean ha ganado la partida por pura elegancia.




