One World Under Doom — Cuando el fascismo viene con sanidad universal y capa verde

Hay eventos Marvel que nacen con vocación de fuegos artificiales… y otros que, además, quieren decir algo. One World Under Doom, el gran crossover de 2025, pertenece claramente al segundo grupo. No porque renuncie al espectáculo —Doom montando un Tyrannosaurus Doom ya justifica la entrada—, sino porque se atreve a plantear una pregunta incómoda: ¿y si el villano tuviera razón… durante un tiempo?

Doom, emperador del sentido común

El punto de partida es tan provocador como elegante: Doctor Doom se convierte en Hechicero Supremo, se encierra en Latveria, y cuando vuelve… no declara la guerra. Declara la paz. Guerra ilegal. Sanidad y educación universales. Fronteras abiertas. Bienestar social global.
El mundo acepta. Voluntariamente.

Aquí está el gran acierto del guion de Ryan North: el conflicto no es físico, es moral y político. Los Vengadores no luchan solo contra Doom, sino contra la opinión pública. Contra ciudadanos dispuestos a morir por él. Contra el hecho incómodo de que, en lo inmediato, el mundo funciona mejor.

Y en ese espejo es imposible no ver un reflejo contemporáneo. Doom como ese líder que promete orden, soluciones rápidas y grandeza nacional/global; que se ofrece como mediador universal, que redibuja mapas, que decide quién es problema y quién no. No hace falta insistir demasiado: el paralelismo con ciertos líderes actuales —bronceados, mesiánicos, convencidos de poder arreglarlo todo ellos solos— flota en el aire como el olor a ozono antes de la tormenta. Un guiño, no un panfleto. Marvel siendo Marvel cuando se atreve a mirar alrededor.

Fascismo amable, horror silencioso

One World Under Doom acierta al no presentar un régimen de terror explícito. El horror aquí es blando, administrativo, casi cómodo. El mundo perfecto… a costa de algo.
Ese “algo” llega cuando descubrimos que la magia de Doom se alimenta literalmente de millones de almas, y cuando su necesidad de control empieza a desbordarse incluso para él mismo.

El momento clave —y el corazón emocional del evento— es Valeria Richards. La muerte accidental de su ahijada no redime a Doom, pero lo desnuda. No se arrepiente del mundo que ha impuesto. Se rompe solo por ella. Y eso lo hace, paradójicamente, más humano y más aterrador: Doom no es un monstruo sin sentimientos; es un hombre convencido de que el fin justifica cualquier medio.

Un evento que entiende a su protagonista

North nunca pierde el foco: este no es un evento coral al uso. Es la tragedia de Doom. Todo orbita alrededor de él, para bien y para mal. Algunos personajes quedan desdibujados, sí. El ritmo fluctúa, especialmente en el tramo final. Pero como retrato definitivo del Doctor Muerte, el resultado es casi impecable.

Visualmente, RB Silva firma un trabajo descomunal. Escala cósmica, arquitectura imposible, entidades abstractas que empequeñecen a los dioses… y, de pronto, el cuerpo destrozado de una niña. El contraste es brutal. La épica nunca anula lo íntimo.
El color de David Curiel —ese verde Doom omnipresente— convierte cada página en una declaración de poder. Doom no solo gobierna el mundo: contamina la viñeta.

¿Evento histórico o gran cómic… sin colmillos?

¿Se queda corto políticamente? Puede ser. Coquetea con ideas potentísimas sobre el autoritarismo contemporáneo, pero rara vez muerde del todo. Disney sigue estando detrás. El sistema se restablece. El statu quo respira.
Pero incluso así, pocas veces un evento Marvel reciente ha sido tan consciente de lo que está contando.

One World Under Doom no pregunta “¿es Doom malo?”. Pregunta algo mucho más incómodo:
¿cuántos estaríamos dispuestos a aceptarlo… si el mundo fuera un poco más habitable mañana?

Veredicto

Un evento ambicioso, irregular por momentos, pero conceptualmente brillante. Fascinante como pieza política, demoledor como estudio de personaje y espectacular como arte secuencial.
Doom gana. Pierde. Ama. Y desaparece dejando un mundo que ya no puede fingir que todo era tan sencillo antes.

⭐⭐⭐⭐☆
Marvel cuando se pone adulta. Y Doom cuando se cree Dios… con razones de sobra.