Luces, fuego y mucha política: La noche en la que los Grammy recordaron que son humanos
La 68ª edición de los Grammy no ha sido una entrega de premios más. En un Crypto.com Arena de Los Ángeles blindado, la música ha vuelto a demostrar que, cuando quiere, puede ser el espejo más incómodo y, a la vez, el más brillante de la sociedad. Desde regresos históricos hasta «peras» visuales que nos dejaron con la boca abierta, aquí tienes nuestro balance de una noche que tardaremos en olvidar.

1. El puñetazo en la mesa de Bad Bunny
Si alguien pensaba que Benito iba a pasar por la gala solo para recoger su premio a Mejor Álbum de Música Urbana, se equivocaba. Su discurso al grito de «ICE Out» ha sido el momento político de la noche. Reivindicando que los latinos son «humanos y americanos», Bad Bunny calentó motores para una Super Bowl que promete ser una trinchera ideológica. No solo es el rey del streaming; es, ahora mismo, la voz más poderosa de la industria.

2. Sabrina Carpenter y Justin Bieber: Dos formas de comerse el escenario
- Sabrina Carpenter nos regaló la actuación más «pop» y divertida de la noche. Aparecer en una cinta de recogida de equipajes, hacer magia y soltar un «Fuck my life» en directo es la definición de tener personalidad.
- En el polo opuesto, Justin Bieber calló bocas con una versión minimalista de ‘Yukon’. Solo él, su guitarra y un loop grabado en directo. Sin artificios, sin ropa (casi) y con una vulnerabilidad que recordó por qué, pese a todo, sigue siendo una estrella necesaria.

3. El surrealismo visual: Tyler, the Creator y Lady Gaga
Si buscas espectáculo, llama a Tyler, the Creator. Su actuación fue una película de acción: cambió el blanco y negro por el color, hubo cameos de Regina King y terminó haciendo explotar una gasolinera con él dentro. Literalmente, el «performance» de la noche.
Por su parte, Lady Gaga nos devolvió a su era más experimental con ‘Abracadabra’. Con un casco que parecía un ojo gigante de mimbre y un sonido que mezclaba el disco-punk con influencias de Nine Inch Nails, demostró que ella no sigue tendencias: las crea.

4. La nostalgia necesaria: Lauryn Hill y Clipse
Hacía 27 años que Lauryn Hill no pisaba este escenario, y su tributo a D’Angelo y Roberta Flack fue una lección de clase. Verla cantar ‘Killing Me Softly’ junto a Wyclef Jean puso en pie a todo el estadio (aunque fue inevitable pensar en el pobre Pras, viendo el show desde la cárcel).
También fue la noche de la justicia poética para Clipse. Pusha T y Malice, tras 16 años de parón, demostraron junto a Pharrell Williams que el rap de «vieja escuela» sigue estando años luz por delante de lo que suena hoy en las radios.
Lo que NO entendimos (WTF)
- El vacío al Country: En un año donde el género ha dominado las listas, los Grammy lo relegaron a un rincón, olvidando que Nashville ha firmado algunos de los mejores discos del año.
- El momento «Cher»: Ver a Cher aparecer por sorpresa, recibir un premio a la carrera, intentar leer los nominados, confundir a Kendrick Lamar con Luther Vandross y ser empujada por un regidor para que se fuera… fue oro puro de la televisión. Caótico, real y muy Cher.
- Lola Young y la alegría pura: La gran sorpresa. Su victoria por ‘Messy’ fue el momento más humano de la gala. Verla ganar tras sus problemas de sobriedad y dar una actuación tan desnuda al piano nos recordó que, a veces, los Grammy sí premian el alma.




