Bad Gyal suelta ‘Más cara’: el álbum con el que la reina del dancehall reclama su prime

Se acabó la espera. Tras dejarnos a todos con la boca abierta en su reciente actuación en los Premios Goya 2026, la de Vilassar de Mar ha decidido que este marzo nos pertenece a ella y a su nuevo bebé. El pasado 6 de marzo vio la luz ‘Más cara’, el segundo álbum de estudio de Alba Farelo (31 años) que llega para confirmar lo que ya sospechábamos: que se puede llenar estadios sin pedir perdón por ser una «pussy killa».

De las versiones en catalán al trono del mainstream

Para entender dónde está Bad Gyal hoy, hay que recordar de dónde viene. La artista que se hizo viral hace una década con aquel «Pai» (su versión del Work de Rihanna en catalán) y que puso el dancehall y el twerk en el mapa nacional, ya no es solo una promesa del underground. Con 19 canciones y un arsenal de colaboraciones que quitan el hipo —desde leyendas como Chencho Corleone y Ozuna hasta J Alvarez o De La Rose—, ‘Más cara’ es su proyecto más ambicioso hasta la fecha.

A diferencia de La Joia (2024), donde Alba confesaba haber trabajado de forma más atomizada, en este disco se ha rodeado de una «liga de la justicia» de la producción: Luny Tunes y Danja están detrás de un sonido que viaja por Miami, Puerto Rico y Colombia.

«No soy un producto, soy la dueña de la empresa»

Si algo ha dejado claro la catalana en el lanzamiento es que el éxito no la ha domesticado. Ante las voces que la acusan de haberse «vendido» al gran público, ella responde con la contundencia de una barra de reguetón: «Sigo decidiendo qué hago y qué no. Me he vuelto lo que me tenía que volver».

Para Bad Gyal, este disco es su «dream playlist». Una mezcla explosiva de merengue house, shatta jamaiquino y kompa haitiano que busca redefinir el placer y la autoexpresión femenina en un género históricamente testosterónico.

El lujo, la calle y lo que está por venir

‘Más cara’ no es solo un título; es una declaración de estatus. La artista transita entre el lujo de las alfombras rojas y la sudoración de la pista de baile, demostrando que tiene más recursos que nunca y que, precisamente por eso, es más libre que nunca.