Samanta Schweblin vuela alto: gana el primer Premio Aena entre turbulencias por su dotación

La escritora argentina se alza con el galardón de un millón de euros por su libro de relatos ‘El buen mal’. El certamen nace envuelto en una agria polémica que cuestiona tanto el origen público de los fondos como la irrupción de una empresa aeroportuaria en el ecosistema de las letras.

Samanta Schweblin ha hecho historia este martes al convertirse en la primera ganadora del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana. Con una dotación de un millón de euros, la autora argentina iguala de un plumazo la cuantía del Premio Planeta, situándose en la cima de los galardones literarios a nivel global. Su obra, una colección de relatos titulada El buen mal (Seix Barral), se ha impuesto a finalistas de la talla de Enrique Vila-Matas y Héctor Abad Faciolince en una resolución que el jurado, presidido por Rosa Montero, ha calificado como un «espaldarazo definitivo al género del cuento».

Sin embargo, el aterrizaje del premio no ha sido plácido. La controversia estalló desde el momento de su convocatoria por la naturaleza del patrocinador: Aena, una empresa dedicada a la gestión de infraestructuras aeroportuarias y participada en un 51% por capital público. Las críticas desde el sector editorial no se han hecho esperar, señalando la «dudosa intención» de destinar un millón de euros de fondos semipúblicos a un certamen literario cuando la empresa no tiene ninguna vinculación con el mundo del libro ni un plan de retorno comercial claro, a diferencia de las editoriales que financian sus propios premios.

La sombra del «blanqueo de imagen» o del uso arbitrario del presupuesto público ha planeado sobre la gala celebrada en Madrid. Mientras que algunos autores celebran que entre dinero fresco en un sector tradicionalmente precario, otros ven con recelo que una entidad estatal compita en músculo financiero con los grandes grupos editoriales privados. Pese al ruido institucional, la victoria de Schweblin supone un hito para el relato breve, un género habitualmente castigado por los grandes premios comerciales que, por una vez, ha encontrado en el queroseno de Aena su motor más potente.