El laberinto de vitela que no logra atrapar — ‘Kraken: El libro negro de las horas’
En una industria que parece haber encontrado en el best seller nacional un filón inagotable, llega a las salas ‘Kraken: El libro negro de las horas’ (2026). Tras el éxito de El silencio de la ciudad blanca, el universo vitoriano de Eva García Sáenz de Urturi regresa a la gran pantalla bajo la dirección de la dupla formada por Manuel Sanabria y Joaquín Llamas. La propuesta nace con ambición de gran thriller policiaco, apoyada en el éxito de una novela que fue la segunda más vendida en España durante el año de su publicación. Sin embargo, el resultado final se queda en una adaptación funcional que parece tener demasiada prisa por parecer importante, sacrificando la atmósfera en favor de un ritmo que no siempre justifica sus carencias.

Una carrera contrarreloj entre incunables y secretos
La trama nos sitúa en Vitoria, año 2022. Unai López de Ayala, el exinspector y perfilador criminal conocido como Kraken (Alejo Sauras), recibe una llamada que dinamita su realidad: tiene siete días para localizar el legendario Libro negro de las horas, una joya bibliográfica del medievo. De no lograrlo, su madre, a la que creía muerta desde hace décadas, será asesinada. Acompañado por Esti (Maggie Civantos), Unai inicia una persecución frenética entre los ambientes bibliófilos de Vitoria y Madrid, cruzándose con coleccionistas obsesivos y una enigmática inspectora, Mencia (Natalia Rodríguez), que parece ocultar más de lo que revela.

Dos líneas temporales para un misterio de vitela
La narrativa se divide en dos hilos paralelos que buscan dar profundidad al conflicto familiar del protagonista. Por un lado, el presente de la investigación; por otro, una incursión en el pasado que nos traslada hasta un internado regido por monjas sombrías. Allí conocemos a Ítaca, una niña abandonada junto a un volumen de la Odisea que demuestra un talento prodigioso para falsificar incunables. Esta subtrama aporta los tintes de folletín gótico que la historia requiere, aunque la dirección de Sanabria y Llamas se muestra quizá demasiado pulcra, echándose en falta una atmósfera más turbia y brumosa que potencie el misterio de los manuscritos antiguos.

Eficacia frente a falta de matices
En el apartado interpretativo, Alejo Sauras cumple con sobriedad en la piel de un Kraken cansado e inteligente, mientras que Maggie Civantos aporta la energía necesaria para mover los engranajes de la trama. El reparto se completa con nombres sólidos como Natalia Millán, Fernando Soto y Ana Gracia, quienes defienden personajes que, en ocasiones, resultan algo esquemáticos y supeditados a la urgencia del guion escrito por Rocío Martínez y Juan Carlos Cueto.
Pese a contar con escenarios insignes como la Fundación Sancho el Sabio en Vitoria o el Instituto Cervantes en Madrid, la película no termina de aprovechar visualmente el potencial de sus localizaciones, optando por una factura técnica profesional pero genérica. Al final, Kraken: El libro negro de las horas es un entretenimiento digno que respeta el material original, pero que se siente más cómodo como un mecanismo rutinario de sesión de tarde que como el thriller psicológico trascendental que aspira a ser.





