Bulgaria rompe los pronósticos en el Eurovisión más sombrío y el fracaso de RTVE

El festival de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha vivido la edición más convulsa y divisiva de su historia moderna en el Wiener Stadthalle de Viena (Austria), un certamen marcado a fuego por la geopolítica donde la música ha terminado operando como un mero escudo de contención. La cantante búlgara Dara ha protagonizado la gran campanada de la noche al alzarse con el Micrófono de Cristal gracias a su rítmico y viral tema ‘Bangaranga’, logrando una victoria histórica para su país tras arrasar de manera unánime tanto en el jurado profesional como en el televoto con un total de 516 puntos. El inesperado triunfo de Bulgaria —que regresaba este año tras una ausencia de tres ediciones como uno de los países repescados por la organización— ha evitado in extremis la victoria de Israel, cuya delegación volvió a desatar una tormenta de sospechas al escalar hasta la segunda posición gracias a un masivo televoto de 220 puntos para Noam Bettan. Una campaña de voto popular bajo la sombra de la adulteración presupuestaria que, sumada a la censura de los gritos de protesta de las gradas durante la retransmisión oficial, vuelve a sembrar dudas sobre la transparencia de un certamen que prefirió perder por el camino a cadenas históricas con tal de mantener el pulso político.

Esta asfixiante atmósfera se debe a la drástica decisión tomada meses atrás por un bloque de televisiones públicas de perfil progresista —encabezado por España (RTVE), Países Bajos (AVROTROS), Irlanda (RTÉ), Eslovenia (RTVSLO) e Islandia (RÚV)—, que optaron por abandonar en señal de protesta ante la negativa de la UER de suspender la participación de la cadena israelí KAN en plena ofensiva militar sobre Gaza. Lejos de amedrentarse por el vacío internacional, el Gobierno hebreo desplegó una agresiva estrategia de márketing digital y movilización de voto similar a las ensayadas en Malmö y Basilea, amparada en una investigación de The New York Times que apunta a millonarias inversiones estatales en el festival desde 2018. El propio director de Eurovisión, Martin Green, se vio obligado a admitir públicamente el error de no haber sido lo suficientemente estrictos a la hora de fiscalizar la procedencia y financiación de estas corrientes de voto masivo, las cuales terminaron distorsionando por completo un panel final en el que potencias tradicionales como Suecia o el Reino Unido quedaron hundidas en la miseria de la tabla.

En el plano nacional, la arriesgada jugada política de RTVE para contraprogramar y boicotear la final del festival se ha saldado con un batacazo histórico en los audímetros. Justo a las 21:00 horas, coincidiendo con el inicio de la gala que por primera vez en 65 años no se emitía en España, la corporación pública lanzó un contundente rótulo en defensa de los derechos humanos bajo el lema “Paz y Justicia para Palestina”, para dar paso inmediatamente al especial La casa de la música con motivo del Día Internacional de la Convivencia en Paz. Sin embargo, los eurofans castigaron con dureza la censura del ente público: el programa sustituto pinchó con un paupérrimo 9,2% de share y apenas 861.000 espectadores, quedando por debajo de la media mensual de La 1 y sufriendo una sangría sin paliativos frente al espectacular 50,1% de cuota y más de 5 millones de fieles que sintonizaron la final de 2025. Mientras la masa de espectadores españoles se veía obligada a buscar refugio de manera clandestina en la emisión alternativa de YouTube, Antena 3 se coronaba líder de la noche con La Voz Kids, evidenciando que el intento del ente público por alinearse con las directrices del Gobierno central solo sirvió para regalar su franja más valiosa del año a la competencia.