La disección de la culpa: Chip Zdarsky firma un tratado sobre la fe y el castigo en ‘No Devils, Only God’

Si Know Fear funcionó como el brutal accidente de tráfico que puso en jaque al héroe, No Devils, Only God es la dolorosa rehabilitación. O, para ser más exactos, el instante exacto en que el paciente empieza a preguntarse si realmente merece recuperarse. El segundo volumen de la extraordinaria y ya histórica etapa de Chip Zdarsky al frente de Daredevil —que recopila los números 6 al 10 de la cabecera de Marvel Comics— ejecuta un movimiento que, sobre el papel, suele ser un suicidio comercial en el cómic superheroico: despojar al protagonista de su traje, apartarlo de los tejados y explorar el vacío existencial de un hombre que ha decidido, por fin, dejar de ser el demonio guardián de Hell’s Kitchen. La respuesta, como siempre que nos adentramos en la psique de Matt Murdock, es que el camino hacia la luz está pavimentado con una violencia psicológica asfixiante.

Cuestionar la cruz: la crisis de fe más allá del uniforme

Tras los trágicos acontecimientos del primer arco, donde cruzó una línea roja que jamás creyó posible, Matt se encuentra completamente roto física, mental y espiritualmente. Durante décadas, el personaje ha operado como el gran mártir católico de la Casa de las Ideas, pero Zdarsky esquiva el melodrama de manual buscando un ángulo mucho más incómodo. Aquí Murdock no está cuestionando la eficacia de su máscara; está dinamitando los cimientos de la filosofía que ha sostenido su vida adulta. El guionista nos sumerge en un laberinto de preguntas incómodas sobre si la violencia del vigilante solo engendra más monstruos, y si la propia Hell’s Kitchen no estaría mejor sin su presencia.

La genialidad del volumen radica en que la cocina del infierno sigue latiendo sin Daredevil: los criminales reorganizan sus filas, los inocentes siguen desamparados y el vacío dejado por el héroe empieza a atraer a imitadores y nuevas amenazas. Mientras explora qué representa realmente el mito del diablo —si una necesidad social o simplemente el fetiche de un abogado incapaz de dejar de castigarse—, la serie eleva al detective Cole North a la categoría de pieza fundamental del tablero. Presentado inicialmente como el arquetipo de policía implacable obsesionado con cazar justicieros, su evolución opera como un espejo inverso de Matt: cuanto más se ensucia los dedos con la realidad sistémica de la ciudad, más se resquebrajan sus rígidas convicciones morales.

El peso de la religión y la madurez de un guionista impredecible

El título del arco no es un adorno estético; «No Devils, Only God» funciona como una severa declaración de principios teológicos. Zdarsky, a quien la industria encasilló durante años como un autor dotado exclusivamente para la comedia o proyectos de corte más ligero, demuestra aquí una comprensión enciclopédica y madura de los pilares clásicos del personaje: la culpa judeocristiana, la redención a través del dolor y la imposibilidad de escapar de uno mismo. Matt intenta convencerse de que puede comulgar con sus creencias y ejercer la justicia desde la legalidad o la fe civil, solo para descubrir que el demonio no es un disfraz del que pueda divorciarse, sino una parte indisoluble de su propia naturaleza herida.

En el apartado gráfico nos topamos con el único elemento que ha dividido a los lectores más integristas. La ausencia del espectacular dibujo de Marco Checchetto se nota desde las primeras páginas, dado el poderoso impacto visual que el italiano imprimió al inicio de la etapa. No obstante, el trabajo de Lalit Kumar Sharma es notablemente más sólido y expresivo de lo que la crítica especializada le ha reconocido; su trazo, menos estilizado pero profundamente humano, prioriza la claridad narrativa y la fragilidad de los rostros por encima de la pirotecnia física, algo que encaja a la perfección con un arco donde los grandes combates suceden bajo la piel de los personajes.

El trazo de Jorge Fornés y la consagración del segundo acto

El broche de oro llega en el número 10 con el desembarco del dibujante español Jorge Fornés, cuya aproximación visual evoca de manera directa el aroma clásico del mejor David Mazzucchelli. Fornés aporta una sobriedad geométrica, un uso de las sombras y una atmósfera de género negro sencillamente excelsa, elevando el desenlace a la categoría de obra de arte y redefiniendo por completo el rumbo de la colección. Su aportación convierte este volumen en algo mucho mayor que un simple puente de transición entre grandes eventos editoriales.

No Devils, Only God carece quizás de la inmediatez de los golpes de efecto del inicio de la serie, pero a cambio entrega una profundidad psicológica excelsa. Chip Zdarsky coge a una de las figuras más trágicas del noveno arte y la somete a una autopsia moral brillante, recordándonos por qué, cuando se escribe con esta lucidez, el cuernecitos sigue siendo el personaje más complejo, rico y estimulante de toda la mitología Marvel actual. No es el arco más pirotécnico de su etapa, pero es, sin duda, el que le otorga su verdadera trascendencia.