El ocaso de los policías espaciales: ‘Absolute Green Lantern: Sojourner’ (Vol. 2)

Mientras el Universo DC tradicional continúa expandiendo sus mitologías a través de los cauces de la continuidad clásica, la radical línea Absolute —coordinada para reinventar los cimientos de los mayores iconos de la editorial— sigue demostrando que no le teme a la iconoclastia pura. El segundo volumen recopilatorio de Absolute Green Lantern, lanzado bajo el epígrafe de Sojourner (que devora los números 7 al 12 USA de la cabecera), se confirma como la propuesta más valiente, mutante y desmarcada de su contrapartida original de todo el catálogo. El guionista Al Ewing dinamita por completo la idílica imagen del cuerpo de policía intergaláctico que Geoff Johns elevó a los altares en 2005 para arrastrar la franquicia hacia un territorio hostil. Lejos de la épica luminosa de los portadores del anillo, este tomo transita de forma salvaje desde la guerra cósmica más gore hasta un thriller de espionaje doméstico asfixiante, donde la paranoia y las heridas del pasado pesan infinitamente más que las construcciones de energía.

De la carnicería cósmica al espionaje de dormitorio

La estructura de este arco argumental se divide de forma inteligente en dos bloques tonales drásticamente opuestos. El volumen arranca por todo lo alto con el número 7, un capítulo de pura guerra periférica que traslada la acción a los confines del espacio profundo para mostrarnos un conflicto despiadado. Aquí, el planeta viviente Mogo y las huestes de la Blackstar (quienes operan con una estética de zombis espaciales hiperviolentos, repletos de ojos que brotan de sus extremidades) se dedican a masacrar sistemáticamente a los portadores de la luz verde, presentados aquí casi como monjes Jedi en un estado zen espiritual. Sin embargo, Ewing huye rápidamente de la comodidad de la space opera para replegar las velas en los siguientes números, devolviendo al lector a la Tierra en un giro de timón brillante que transforma la serie en un soberbio sci-fi noir.

La vulnerabilidad de un anillo de bodas

La genialidad del libreto radica en cómo deconstruye la figura de su protagonista, Jo Mullein. Al refugiarse en el apartamento de su exesposa y agente del DEO, Cameron Chase, cargando con un agónico Hal Jordan, la historia se vuelve densa, íntima y psicológica. El guion explora el pasado de Jo como policía en un pueblo corrupto de Nueva Jersey y desvela la naturaleza trágica de este nuevo anillo: un arma vinculada a su alianza matrimonial que solo funciona cuando está colocada en su dedo. Sin ella, Jo es una humana vulnerable y rota. El clímax de esta tensión doméstica estalla con la irrupción de Goldface, reinventado magistralmente no como el villano colorista de la Edad de Plata, sino como un asesino a sueldo implacable capaz de licuar su rostro en humo metálico, quien deja a la protagonista desangrándose en el suelo en un brutal asalto a quemarropa.

Un laberinto de secretos y un asalto visual caleidoscópico

A medida que el tomo avanza hacia su tramo final, con Jo recuperándose de sus heridas mediante medidas extremas no aptas para estómagos sensibles, Ewing introduce un laberinto de agencias secretas y contraespionaje. Personajes clásicos como Simon Baz, el telépata Hector Hammond —que aquí asume con deleite un rol de titiritero en la sombra corporativa— o la enigmática Kari Limbo entran en juego para desdibujar la frontera entre aliados y enemigos. Si bien la proliferación de tecnicismos alienígenas y la densidad de las conspiraciones gubernamentales pueden exigir una lectura hiperfocalizada por parte del lector para no perder el hilo de las subtramas, la recompensa es un tapiz mitológico fascinante sobre cómo funciona el espectro emocional en este nuevo y desolador universo.

La radiación esmeralda frente al oro fundido

En el apartado gráfico, el tomo se beneficia de un relevo de artistas que potencia la esquizofrenia tonal del guion. Jason Howard insufla una crudeza angulosa y terrorífica a la guerra espacial de los primeros números, mientras que Sid Kotian y Jahnoy Lindsay se encargan de clavar la atmósfera criminal y mundana de los capítulos urbanos. El trabajo de Kotian en las expresiones faciales durante los reproches matrimoniales de Jo y Cameron es soberbio, transmitiendo años de frustración en un solo vistazo. Las tintas y el color de Prasad Rao ‘Pressy’ se alzan como el héroe silencioso de la cabecera: la energía verde no luce heroica ni salvadora, sino como una radiación alienígena y enfermiza que contrasta drásticamente con los fogonazos dorados y metalizados que acompañan las letales apariciones de Goldface.

Veredicto: MUY RECOMENDABLE (El Absolute más arriesgado)

Absolute Green Lantern: Sojourner (Vol. 2) es un triunfo rotundo que exige al lector olvidar de manera fulminante todo lo que cree saber sobre Linterna Verde para poder disfrutar de la experiencia. Al Ewing firma un tebeo complejo, adulto y profundamente deudor del formato periódico, capaz de cerrar cada grapa con un gancho que te obliga a repasar las páginas anteriores en busca de pistas ocultas. Aunque su ritmo pausado en el nudo de la trama y su gusto por la verborrea de ciencia ficción abstracta puedan descolocar a los buscadores de acción ligera, su atmósfera criminal, la crudeza de sus combates y el aterrador rediseño de sus villanos lo consolidan como la lectura más estimulante, impredecible y redonda de todo este nuevo amanecer editorial. Una auténtica joya de la deconstrucción.