Jennifer Lopez deslumbra en un musical ambicioso pero partido en dos: ‘El beso de la Mujer Araña’
Pocas obras han demostrado una naturaleza tan fascinantemente mutante como la nacida de la pluma del argentino Manuel Puig en 1976. Tras pasar por el cine de la mano de Héctor Babenco en 1985 —regalándole un Oscar a William Hurt— y transformarse en un laureado espectáculo de Broadway en 1992, la tragedia carcelaria regresa a la gran pantalla. Dirigida por el veterano Bill Condon (Dreamgirls, Chicago), esta nueva versión de ‘Kiss of the Spider Woman’ (2025) se presentó en el Festival de Sundance como una de las propuestas más singulares de la temporada. Desgraciadamente, su valentía artística no se tradujo en respaldo comercial, convirtiéndose en un doloroso fracaso de taquilla al recaudar apenas 2 millones de dólares frente a un presupuesto de 30 millones. Un destino injusto para una cinta que, con todas sus imperfecciones, encierra momentos de puro éxtasis cinematográfico.

El choque de dos mundos en la celda del horror
La trama nos traslada a la opresiva Argentina de 1983, en las postrimerías de la dictadura militar. En una lúgubre celda convergen dos mundos antitéticos: Valentín (Diego Luna), un lacónico revolucionario político marxista, y Luis Molina (Tonatiuh), un carismático escaparatista homosexual encarcelado por su identidad. Para sobrevivir a las torturas y al horror cotidiano, Molina evoca de forma obsesiva los melodramas de su diva cinematográfica de la época dorada, Ingrid Luna. Condon utiliza estas ensoñaciones para fracturar la película en dos mitades radicalmente opuestas: un drama carcelario que, por momentos, peca de plano, apresurado y excesivamente teatral, frente a unos deslumbrantes números musicales rodados con una paleta cromática saturada que rinde un bellísimo tributo al tecnicolor clásico de Hollywood y a la estética de Pedro Almodóvar.

Jennifer Lopez y la revelación de Tonatiuh en el oasis de fantasía
Es precisamente en ese suntuoso oasis de fantasía donde la película alcanza el milagro y justifica el precio de la entrada. Jennifer Lopez, en el papel de la letal e hipnótica Mujer Araña, devora la pantalla en cada una de sus apariciones con vestidos de pedrería, manicuras milimétricas y coreografías impecables que la sitúan firmemente como una fuerte contendiente en la carrera de los premios Óscar a Mejor Actriz de Reparto. A su lado, la gran revelación es Tonatiuh, quien dota a Molina de una conmovedora fragilidad teñida de dignidad queer, sosteniendo el pulso dramático incluso cuando el guion flaquea. Aunque las partituras de John Kander y Fred Ebb no gozan de la frescura de Cabaret —y los drásticos cortes de canciones enfurecerán a los puristas del teatro—, el filme se erige como una notable y colorida reivindicación del escapismo como el último mecanismo de defensa frente a la opresión.






