Entre el ‘Pavo Real’ y el zulo de fabada
Hay historias que, de tan reales, parecen un chiste de mal gusto. España, 1981: entre el ruido de sables de un golpe de Estado fallido y la sombra constante de ETA, tres mecánicos de Zaragoza —ahogados por las deudas y la falta de clientela— deciden que la solución a sus problemas es secuestrar al «Pichichi» del Barça. Así nace ‘Por cien millones’, la nueva apuesta de Movistar Plus+ que se aleja del thriller oscuro para abrazar una comedia de perdedores que desprende una ternura inesperada.

Tres maños en busca de un destino (y de dinero)
La miniserie, dirigida por Nacho G. Velilla, se estructura en tres episodios de 50 minutos que pasan volando. Aquí no hay mentes criminales ni planes maestros; lo que encontramos es la «chapuza nacional» elevada a motor narrativo. Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara dan vida a este trío de amigos que, más que maldad, destilan una desesperación muy castiza.
Es fascinante cómo la serie logra que empatices con unos captores que se preocupan de que su rehén (un convincente Agustín Otón en la piel de Quini) tenga televisión y revistas en su encierro. Es una «derrota que da penita», una metonimia de esa España que no sabe ser mala ni cuando se lo propone.

Una factura técnica con aroma a barrio
Lo que eleva a ‘Por cien millones’ por encima de otras comedias de Velilla es su pulso narrativo y su ambientación. La serie es un viaje sensorial a los ochenta: desde las tascas de barrio y los desahucios a ritmo de holding out for a hero, hasta el contraste entre la vida de los ricos en las revistas y la realidad de las familias que compran el televisor a plazos.
Mención especial merece el uso de la música. Ver a Gabriel Guevara canalizar a un Travolta de extrarradio mientras la trama avanza a golpe de sintetizador aporta una frescura que rompe con la sobriedad habitual de las recreaciones históricas.

¿Cine o serie? El dilema del formato
Si algo se le puede achacar a la propuesta es que se queda en una tierra de nadie: demasiado larga para ser una película, pero quizás algo corta para profundizar en la complejidad social de aquel 1981. Nos deja con ganas de saber más sobre la psicología de Quini o el entorno político, pero su honestidad es su mejor defensa. No pretende ser un sesudo documental de investigación, sino un «salvatardes» digno, ágil y, sobre todo, muy humano.

Conclusión
‘Por cien millones’ funciona porque no tiene humos. Es una serie sobre gente corriente haciendo cosas extraordinarias (y terriblemente mal ejecutadas). Es un recordatorio de que, a veces, detrás de un gran titular de prensa, solo hay tres tipos con buen corazón y muy poca picardía. Una miniserie ideal para maratonear sin complejos.
- Lo mejor: El trío protagonista y su química. Logran que el espectador olvide que está viendo un delito para ver un drama social con humor.
- Lo peor: La sensación de que la historia daba para rascar un poco más en el contexto histórico de la época.




