‘Zeta’: Dani de la Torre convierte el thriller español de Prime Video en una cuestión de músculo

Hay algo casi magnético en la falta de complejos. Durante décadas, el cine de acción español se debatió entre la parodia cañí de Anacleto y ese “quiero y no puedo” de producciones que olían a sobremesa. Hasta que llegó Dani de la Torre. El director gallego, que ya nos convenció de que Luis Tosar podía ser nuestro Liam Neeson en El desconocido, regresa ahora con Zeta para lanzar un mensaje bastante claro: si le das los juguetes adecuados, España puede jugar en la misma liga que el thriller internacional.

Y no como imitación, sino como industria. No estamos ante la Bourne española, sino ante el primer intento serio de construir una.

El espía que surgió del CNI

La premisa arranca con un Goya —Saturno devorando a su hijo— como declaración de intenciones: aquí no hay heroísmo limpio, sino culpa acumulada. A partir de ahí, Zeta despliega una escabechina global que conecta Nueva York, Panamá y Japón, donde cuatro exagentes españoles son ejecutados simultáneamente. El detonante es la “Operación Ciénaga”, una sombra del pasado que regresa con vocación de ajuste de cuentas.

Para contener el desastre, el CNI recupera a Zeta (Mario Casas), un agente retirado que ha cambiado las armas por el cuidado de su madre enferma. Un arquetipo reconocible, sí, pero eficaz: el héroe roto que vuelve no por patriotismo, sino por deuda.

Acción física, identidad propia

Donde Zeta realmente marca territorio es en su fisicidad. Dani de la Torre entiende algo fundamental que muchas producciones olvidan: la acción no es coreografía, es impacto. La persecución en las favelas de Río o, especialmente, la pelea en la cocina —seca, sucia, sin concesiones— sitúan la película en una órbita más cercana al thriller europeo contemporáneo que al espectáculo digitalizado de Hollywood.

Mario Casas cumple con lo que se le pide (presencia, contención, físico), pero es Luis Zahera quien dinamita la pantalla. Su escena de interrogatorio es un recordatorio incómodo de algo que el cine de acción suele olvidar: un buen diálogo puede generar más tensión que cualquier explosión.

El problema de siempre: explicarlo todo

Y sin embargo, ahí aparece el viejo fantasma del thriller español: la necesidad de explicarlo todo. El guion de Oriol Paulo y Jordi Vallejo cae en el infodump como recurso estructural, deteniendo la narración para subrayar lo que ya se ha entendido o anticipar lo que está por venir.

No es solo un problema de ritmo, sino de confianza. Zeta funciona mejor cuando se ensucia, cuando deja huecos, cuando permite que el espectador complete el puzzle. Pero en su empeño por atarlo todo, pierde parte de esa aspereza que sí tienen sus referentes —de Bourne a Tony Scott— y que convierte la intriga en experiencia, no en esquema.

¿Inicio de franquicia o prueba de concepto?

Visualmente, la película es impecable. Los recursos de Prime Video se traducen en una factura internacional sin complejos, y el reparto secundario —con una Mariela Garriga que parece salida de una academia de acción a lo Tom Cruise— refuerza esa sensación de producto exportable.

Zeta no reinventa el género, pero sí lanza una señal importante: España ya no tiene problema en rodar acción de alto nivel. El siguiente paso —el verdaderamente difícil— será escribirla con la misma ambición.

Porque aquí está la clave: Zeta funciona mejor cuando se deja llevar por el instinto que cuando intenta demostrar inteligencia.

Y en ese equilibrio, todavía en construcción, está también el futuro del thriller español.