El final de Juego de Tronos sigue escociendo y, según su creador, con razón. George R.R. Martin ha confirmado en una entrevista reciente que su idea original para cerrar la saga era mucho más oscura que la que vimos en 2019.
“Iba a matar a más gente. Y no a los que mataron”, ha reconocido sin rodeos. Entre los grandes damnificados de su plan estaban Tyrion Lannister, para quien no concebía ningún final feliz, y Sansa Stark, a la que llegó a plantearse matar antes de que su evolución en la serie le hiciera reconsiderarlo.
Martin deja claro que el perdón y la recolocación de Tyrion en el poder no encajaban con su arco trágico, y que el desenlace televisivo fue, en general, demasiado benévolo para lo que él tenía en mente.
El autor también ha vuelto a referirse a la enorme presión que recibe para terminar Vientos de invierno, recordando comentarios del público que insinuaban que no viviría lo suficiente para acabar la saga. “No necesitaba esa mierda”, zanjó.
Mientras el final literario sigue en el aire, el universo de Poniente continúa expandiéndose en televisión. Tras el éxito de Casa del Dragón, HBO acaba de estrenar El caballero de los Siete Reinos, y mantiene en desarrollo varios proyectos más, tanto en acción real como animados.
El mensaje de fondo es claro: el final definitivo de Juego de Tronos aún no existe. Y, si algún día llega, todo apunta a que será bastante menos amable de lo que HBO se atrevió a mostrar.




