‘Wildwood: El bosque salvaje’ (2026): Travis Knight regresa a LAIKA con su película más ambiciosa
LAIKA optó los derechos de la novela de Colin Meloy y Carson Ellis en septiembre de 2011, semanas después de que el libro llegara a las librerías. Tardó diez años en encontrar el momento de hacer la película: la pandemia, la catastrófica pérdida comercial de Missing Link en 2019 y la ausencia de Travis Knight, que entre 2016 y 2021 estuvo fuera del estudio haciendo Bumblebee para Paramount y Hasbro, convirtieron Wildwood en el proyecto que el estudio necesitaba encontrar de nuevo antes de que volviera a ser posible. La producción arrancó en septiembre de 2021. La película llegó al BFI London Film Festival el 11 de octubre de 2026, con una duración de ciento cuarenta minutos —la más larga de la historia del stop-motion— y la clasificación PG-13, que es la primera vez que LAIKA sale del territorio de los menores de doce años para buscar al espectador que tiene edad de entender por qué la oscuridad del cuento existe.

La premisa viene de Colin Meloy con la economía del folclore que nunca necesita explicarse demasiado: una adolescente llamada Prue McKeel ve cómo una bandada de cuervos se lleva a su hermano pequeño Mac desde un parque infantil en Portland, y entra con su compañero Curtis —que es Jacob Tremblay— en el Bosque Imposible, una zona selvática protegida que linda con la ciudad y que esconde una guerra, un rey de bandoleros, un ejército de coyotes y una mujer llamada Alexandra que es la razón por la que los cuervos llegaron hasta el cochecito. Peyton Elizabeth Lee da voz a Prue; Carey Mulligan da voz a Alexandra; Mahershala Ali al Rey Bandolero Brendan; Angela Bassett a la General, un águila real de tamaño y autoridad míticos. El guion es de Chris Butler, que dirigió ParaNorman y conoce la mecánica del cuento oscuro desde dentro. La fotografía es de Caleb Deschanel. La música es de Dario Marianelli, que ya hizo los scores de Los Boxtrolls y Kubo y las cuerdas mágicas y que vuelve a saber exactamente qué tipo de silencio necesita el bosque antes de que llegue el ruido.

Ciento treinta y seis escenarios construidos a mano y lo que quince años de trabajo parecen en pantalla
Wildwood es la película de LAIKA con el mayor número de escenarios físicos —ciento treinta y seis— y de marionetas articuladas —doscientas treinta y una—, construidas con una precisión de relojería que incluye impresión 3D para las armazones y la musculatura artificial de los personajes, tejidos hechos a mano hasta el nivel de las costuras visibles, follaje colocado tallo por tallo en los bosques en miniatura y plumas individuales en el águila General. Son los datos de producción que el estudio lleva publicando desde que arrancó el rodaje, y que cualquier persona con acceso a los fotogramas puede verificar: la cámara de Caleb Deschanel —un director de fotografía cuyo currículum lleva décadas en el cine de referencia— trata los escenarios con la misma atención que daría a una localización real, lo que convierte cada plano en un argumento contra la idea de que la animación digital ha hecho redundante el trabajo manual. Lo que Deschanel filma tiene peso. La arena, el agua, el fuego tienen una presencia física que la imitación digital raramente alcanza porque raramente parte de la misma base: la cosa está ahí, delante de la cámara, y la cámara lo sabe.

El proceso tomó cinco años de producción efectiva y un equipo de más de mil personas. La decisión de usar Portland como escenario —convirtiendo Wildwood en la primera película de LAIKA ambientada en su ciudad de origen— añade a la geografía del bosque imposible una especificidad que la novela de Meloy y Ellis ya tenía: el bosque no es el bosque genérico de la fantasía europea trasplantado al continente americano, sino un espacio con la ecología del noroeste del Pacífico, con sus árboles específicos y su lluvia específica y su luz de octubre específica. Que Marianelli haya compuesto para ese espacio y no para la abstracción de un bosque de cuento es audible en la partitura, que trabaja con una orquesta que sabe distinguir entre el misterio que da miedo y el misterio que da vértigo.

Carey Mulligan, la pérdida convertida en villana y el reparto que construye el mundo alrededor de ella
La decisión narrativa que mejor define la ambición de Wildwood es la del guion de Butler sobre su villana. Alexandra era una institutriz benévola antes de que el mundo le hiciera lo que el mundo le hace a las personas que aman demasiado y pierden lo que amaban: el proceso que la convirtió en amenaza para el Bosque Imposible es el mismo proceso que haría de cualquiera un monstruo o una mártir dependiendo de las elecciones que tomara en el camino, y Carey Mulligan le presta una voz que sabe exactamente dónde está la línea entre el personaje que el espectador quiere salvar y el personaje que ha decidido que no se va a salvar solo. Es la actuación vocal más completa de la película y probablemente la que más tiempo después de acabar el metraje sigue siendo audible: Alexandra es el tipo de villana cuya tragedia compite en atención narrativa con la aventura del protagonista, y en más de un momento la gana.

Peyton Elizabeth Lee ancla la película desde el primer plano: Prue es una adolescente que quiere crecer más rápido de lo que el mundo le va a dejar, y el camino de su aventura —rescatar al hermano, entender el bosque, elegir cómo responder a la misma pérdida que destruyó a Alexandra— tiene la estructura del cuento de formación que no promete que aprender duela menos, solo que vale la pena aprender. Jacob Tremblay como Curtis tiene el arco más sorprendente del reparto secundario: entra al bosque como el chico nerd que acompaña a la protagonista y sale habiendo hecho cosas que el guion toma en serio sin que la película necesite que el espectador las apruebe. Mahershala Ali como Brendan el Bandolero trae el peso y el carisma que el personaje necesita para convertir a los bandoleros en algo más que el ejército pintoresco del segundo acto. Angela Bassett como la General es una de las apariciones de voz más breves de la película y una de las más difíciles de olvidar.

Ciento cuarenta minutos en el bosque imposible: lo que el stop-motion puede y lo que la película le pide
La clasificación PG-13 no es un accidente de distribución sino una declaración de intenciones: Wildwood abre con la muerte de un niño, incluye una batalla final con bajas reales y un diseño de acción que se niega a resolver sus conflictos físicos sin coste, y trata a su audiencia con la cortesía de quien cree que la ficción para gente joven puede contener lo que la vida contiene sin necesitar que lo endulce. Las secuencias de acción —la persecución aérea en la que Prue cruza el bosque a lomos del águila General, la batalla final en la que los escenarios de stop-motion sostienen una coreografía que habría sido impensable hace veinte años— son el tipo de logro técnico que justifica el presupuesto de cien millones de dólares y los quince años de desarrollo con la evidencia inmediata de la imagen: esto no se podría haber hecho de otra manera ni en otra escala, y nadie más lo habría intentado.

El único coste visible de esa ambición es el ritmo. Ciento cuarenta minutos es mucho tiempo para cualquier película de animación, y hay momentos en los que el metraje se nota: un flashback que explica la conexión de Prue con el bosque llega con menos preparación de la que necesitaría, algunas subtramas del ejército de bandoleros quedan abiertas cuando el tercer acto decide que ya no hay tiempo para ellas, y la riqueza visual de los escenarios invita a una contemplación que el ritmo de la narración no siempre permite. Son los defectos de una película que intentó hacer demasiado y casi lo consiguió, que es exactamente el tipo de fracaso parcial que LAIKA ha sabido convertir en catálogo desde Coraline. El estreno en salas a través de Fathom Entertainment fue la apuesta de un estudio que sabe que su audiencia lo buscará aunque no lo pongan en todas las pantallas. Dada la película que encontrará, la apuesta tenía toda la lógica del mundo.





