Vuelo sin motor en abierto: diez años de la ‘Supergirl’ de CBS, una luminosa anomalía

El inminente desembarco en cines de la nueva versión cinematográfica de la prima de Superman ha reabierto el apetito del público por la mitología kryptoniana, convirtiendo este verano en el marco ideal para mirar por el retrovisor. Hace poco más de una década, el panorama televisivo de los superhéroes estaba firmemente dominado por el tono sombrío y apesadumbrado heredado del cine de Christopher Nolan. Fue en ese preciso instante, concretamente en otoño de 2015, cuando la cadena generalista estadounidense CBS —en la que acabaría siendo su única incursión antes de mudar el show a la más juvenil The CW— tomó una decisión a contracorriente: lanzar la primera temporada de Supergirl. Compuesta por 20 episodios, la carta de presentación de Kara Zor-El se erigió como un oasis de optimismo inquebrantable, una producción que abrazó la luz y el candor de la Edad de Plata de los cómics y demostró que la madurez de un icono no se mide por la cantidad de sombras que proyecta, sino por el tamaño de su corazón.

El renacer de Krypton entre el secretismo y el costumbrismo corporativo

Bajo la batuta de los arquitectos del Arrowverso —Greg Berlanti, Ali Adler y Andrew Kreisberg—, la serie nos presenta a una deslumbrante Melissa Benoist en la piel de Kara Danvers, una joven de 24 años que vive oculta a la sombra de su célebre primo Kal-El mientras ejerce como la apocada asistente personal de la implacable magnate de los medios Cat Grant (Calista Flockhart). El arco inaugural equilibra con pericia el drama laboral y familiar con la vertiente superheroica. Tras revelar sus habilidades al mundo para salvar un avión en llamas, Kara es reclutada por el DEO (Departamento de Operaciones Extranormales), una agencia gubernamental liderada por el severo Hank Henshaw (David Harewood) donde también trabaja su hermana adoptiva, Alex Danvers (Chyler Leigh). La gran amenaza de estos primeros episodios no tarda en materializarse desde los restos de Fort Rozz, una prisión kryptoniana alienígena que se estrelló en la Tierra comandada por la despiadada Astra In-Ze, la tía carnal de Kara, obligando a nuestra heroína a lidiar con un doloroso conflicto dinástico.

El valor de la vulnerabilidad y el armario alienígena

El verdadero triunfo de esta primera temporada no reside en sus titubeantes efectos digitales o en unos villanos episódicos un tanto acartonados —como Reactron o el androide Tornado Rojo—, sino en la arrolladora humanidad de su libreto. El clímax emocional de la propuesta se condensa a la perfección en el séptimo episodio, «Human for a Day», donde una Kara temporalmente despojada de sus poderes y herida tras un terremoto decide enfundarse el traje y plantarle cara a un atracador en una bodega a punta de pistola. Con las manos temblorosas y la voz quebrada, la heroína desarma al criminal apelando únicamente a su empatía y sentido de la esperanza. Es una declaración de intenciones absoluta.

Esa misma sensibilidad brilla en la subtrama de Hank Henshaw, quien se revela magistralmente ante la audiencia no como el villano corporativo de las viñetas, sino como J’onn J’onzz (Martian Manhunter), el último superviviente de Marte. Su revelación ante las hermanas Danvers funciona como una bellísima alegoría de la aceptación de la identidad y de la creación de familias elegidas, enriqueciendo sustancialmente el trasfondo de la serie.

Un cruce de mundos empañado por la rigidez procedimental

A pesar de sus innegables virtudes —coronadas por el histórico y divertidísimo crossover con el Flash de Grant Gustin en el episodio «Worlds Finest»—, el visionado en maratón de este primer bloque saca a relucir las costuras de la televisión en abierto de mediados de la década pasada. El guion se ahoga en ocasiones en triángulos amorosos innecesariamente estirados entre Kara, James Olsen (Mehcad Brooks) y Winn Schott (Jeremy Jordan), y sufre por culpa de una estructura de «villano de la semana» que ralentiza la progresión del plan maestro de Non e Indigo en los episodios finales. Asimismo, la alteración en el orden de emisión original de los episodios 4 y 5 en plataformas de streaming puede generar cierta confusión en los hilos de los personajes secundarios, evidenciando los peajes que el show tuvo que pagar antes de encontrar su verdadera velocidad de crucero.

El nacimiento de una estrella sin cinismo

La primera temporada de Supergirl sobrevive al paso del tiempo como un recordatorio bellísimo de que el heroísmo luminoso y desprejuiciado siempre encuentra su lugar en la pantalla. Melissa Benoist sostiene sobre sus hombros todo el entramado de CBS gracias a una interpretación rebosante de encanto, carisma e inocencia, convirtiendo a Kara Danvers en el espejo ideal en el que mirarse antes del inminente relanzamiento de la franquicia en salas de cine. Aunque su ritmo procedimental, la candidez de algunas coreografías y la ligereza de su factura técnica puedan distanciar a los paladares acostumbrados al empaque visual contemporáneo, su defensa a ultranza de la bondad fundamental del ser humano la consolida como una pieza indispensable, entrañable y sumamente disfrutable de la historia de DC en televisión. Una joya nostálgica ideal para repasar este verano.