Azúcar, óxido y vísceras: The Black Keys se refugian en el blues más crudo con ‘Peaches!’
De vez en cuando se publican álbumes que te hacen vibrar de vuelta hacia las raíces del sonido de carretera, arena y sol abrasador, evocando el eco de un motor bajo los glúteos mientras un amplificador saturado resuena en un sótano de Akron. No es nostalgia, es una estricta cuestión de ADN. Tras un bache creativo y una dinámica extraña marcada por la sobreproducción de sus últimos trabajos con colaboradores pop, Dan Auerbach y Patrick Carney han decidido detener el reloj con Peaches! (2026, Easy Eye Sound / Warner Records), su decimocuarto álbum de estudio. Lejos de ser un simple ejercicio nostálgico o un disco de versiones para rellenar el calendario, este trabajo funciona como un reencuentro visceral con sus propias raíces que no se sentía con tanta naturalidad desde los tiempos de El Camino (2011). Grabado bajo una filosofía estrictamente en vivo, con todos los músicos tocando en la misma sala y mínimas sobregrabaciones, el dúo firma aquí su obra más convincente, orgánica y viva de la presente década.
El título del álbum actúa como una máscara y una grieta conceptual sumamente potente. Lo dulce, lo jugoso y lo aparentemente ligero de la palabra Peaches! choca frontalmente con la certeza de lo inevitable y lo herido, naciendo en un espacio sagrado que funcionó como refugio: el disco se registró mientras Auerbach atravesaba la durísima situación familiar de cuidar a su padre enfermo en su casa de Nashville. Esa crudeza emocional se traslada directamente a una producción analógica que busca la imperfección, donde se escucha el siseo de las cintas y los pies marcando el ritmo en el suelo de madera. Para esta continuación espiritual de Delta Kream (2019), el dúo vuelve a contar con los guitarristas Kenny Brown y Eric Deaton, pero inyectando un pulso mucho más dinámico, eléctrico y ambicioso. La icónica portada diseñada por Michael Carney —que utiliza una fotografía de William Eggleston con un cartel oxidado de Coca-Cola bajo un cielo limpio— se convierte en la metáfora visual perfecta de lo que encierra el vinilo: la belleza que nace de la decadencia americana y el esfuerzo de la tierra.
La narrativa entre los surcos negros del disco arranca con la hipnótica «Where There’s Smoke, There’s Fire» (versión de Willie Griffin), un groove pantanoso envuelto en vientos y órganos que establece el tono urgente del plástico. A lo largo del metraje, la banda muerde con una ferocidad inaudita en la eléctrica «You Got to Lose» (un visceral homenaje a Ike Turner) o se adentra en el pub rock frenético de los británicos Dr. Feelgood con «She Does It Right», demostrando que Carney sigue siendo uno de los bateristas más personales del género y que la voz de Auerbach ha dejado de cantar para empezar a contar, rota por una fatiga emocional auténtica. Al habitar las canciones de otros para poder entender la suya propia, The Black Keys consiguen que el blues vuelva a funcionar como ese lenguaje prestado para escupir lo que duele en el estómago. En un mercado saturado de sonidos procesados y algoritmos, Peaches! es un recordatorio crudo, sucio e imperfecto de que todo lo que necesitas para sostenerte en pie son un par de amigos, un amplificador encendido y una herida real que sanar.





