Hostias como panes y fans en el paraíso – ‘Mortal Kombat II’
Hay una frase que la rubia (Sonya Blade) le suelta a Johnny Cage en pleno fragor de la batalla y que resume perfectamente este festival de mamporros: «Se llama Mortal Kombat por una razón». Y esa razón, amigos, no es precisamente ganar un Pulitzer al mejor guion original. La secuela de la carnicería de 2021 llega a los cines como lo que es: un videojuego de lucha de los 90 con esteroides, efectos digitales que a veces parecen salidos de una IA con resaca y un descaro absoluto a la hora de repartir estopa. Si vienes buscando lógica narrativa, te has equivocado de torneo; si vienes a ver cómo le arrancan la columna a alguien, ponte cómodo.

Johnny Cage: El «Carnicero» se va de torneo
La gran novedad de esta entrega es, sin duda, la incorporación de Karl Urban como Johnny Cage. El actor, que parece no haberse quitado del todo el traje de Billy Butcher de The Boys, aporta esa socarronería y chulería necesaria para que la película no se ahogue en su propia solemnidad. Porque seamos sinceros: hay demasiados personajes que se toman demasiado en serio el destino del mundo mientras visten trajes que parecen sacados de una tienda de disfraces de lujo. Urban es el alivio cómico que necesitábamos, aunque su humor a veces se pase de frenada y parezca un anacronismo viviente en pleno 2026.
Junto a él, el universo se expande con figuras como Kitana (Adeline Rudolph) y un Shao Kahn que, gracias al físico de Martyn Ford, impone ese terror visual que los fans de los juegos esperábamos. Lo mejor de esta secuela es que abraza sin complejos su material de origen: los escenarios, desde la piscina de ácido hasta el Foso, son recreaciones literales que harán que cualquier gamer señale a la pantalla con entusiasmo. Las coreografías han mejorado, son menos entrecortadas y permiten disfrutar de expertos en artes marciales como Lewis Tan dándose de palos de forma mucho más fluida.

La inmortalidad del cangrejo (y del ninja)
El gran problema de ‘Mortal Kombat II’ —y de la franquicia en general— es que aquí la muerte tiene la misma importancia que una mancha de ketchup. Con nigromantes como Quan Chi de por medio, resucitar es tan fácil como insertar una moneda en la recreativa, lo que le quita peso emocional a los combates. Da igual quién muera; probablemente lo veamos en los post-créditos o en la tercera parte que ya está en camino. Al final, la trama es una mera excusa, una papilla de exposición oral para justificar por qué ese señor con máscara está peleando contra ese otro con cuatro brazos.
¿Es una buena película? Como construcción narrativa, es un desastre caótico y genérico. Como espectáculo palomitero y festín de fan service, es una victoria (aunque no impecable). ‘Mortal Kombat II’ no admite turistas: es un producto diseñado para quienes saben distinguir un Fatality de un Babality y que perdonan un CGI plasticoso a cambio de ver un buen desmembramiento coreografiado. Es cine de «hondonadas de hostias», ruidoso y sangriento, que se disfruta mucho más si dejas el cerebro en la entrada y te limitas a disfrutar del espectáculo de demolición interdimensional.





