Ryan Gosling y el milagro de la piedra parlante: ‘Proyecto Salvación’ es el blockbuster perfecto

Si a estas alturas alguien duda de que Ryan Gosling es el último gran clavo ardiendo al que se agarra el carisma de Hollywood, es que no ha visto cómo es capaz de sostener una conversación científica con una araña de roca que habla mediante acordes musicales.

‘Proyecto Salvación’ (o Project Hail Mary para los puristas del original de Andy Weir) no es solo la redención de Phil Lord y Chris Miller tras el trauma galáctico de Han Solo; es la prueba de que se puede gastar 200 millones de dólares sin que el CGI te devore el alma. Aquí hay cables, hay marionetas y hay una humanidad que ya querría para sí el Cooper de Interstellar entre tanto estante de libros y dimensiones cuánticas.

El hombre que no quería estar allí

La premisa es puro Weir: un hombre (Ryland Grace) despierta con amnesia en una nave, rodeado de cadáveres y con la sutil presión de que el Sol se está apagando por culpa de unas bacterias espaciales llamadas astrófagos. A partir de ahí, la película se divide en dos: el presente de supervivencia técnica —ingeniería de «háztelo tú mismo» a años luz de casa— y los flashbacks que nos explican cómo un profesor de secundaria acabó siendo la última esperanza de la Tierra.

Si en Marte Ridley Scott ponía a Matt Damon a cultivar patatas con su propia caca, aquí Lord y Miller ponen a Gosling a hacer algo más difícil: aprender a comunicarse. Y es ahí donde entra Rocky.

Buddy Movie intergaláctica: Ryland y Rocky

Olvidaos de Grogu. El verdadero robo de escenas de 2026 es una criatura que parece un cruce entre un fósil de cinco patas y un ingeniero de la NASA con trastorno obsesivo-compulsivo. La relación entre Grace y Rocky es el corazón de la cinta; una buddy movie de manual que bebe tanto de Enemigo mío como de Dos buenos tipos.

Que hayan optado por usar marionetas y efectos prácticos para el alienígena no es un capricho nostálgico; es lo que le da «peso» a la imagen. Cuando Gosling toca a Rocky, sientes que hay algo ahí. Esa tangibilidad, sumada a la fotografía de un Greig Fraser que vuelve a demostrar que nadie rueda el espacio (y el polvo, y la luz clínica) como él, eleva la película por encima del montón de productos de streaming intercambiables.

Luces y sombras (pero sobre todo luces)

¿Es perfecta? No. Sus 156 minutos pesan en un tercer acto que se empeña en ser demasiado fiel al libro, estirando un epílogo que pedía tijera. Además, los flashbacks, aunque necesarios para ver a una Sandra Hüller gélida y perfecta (ojo a su momento musical, puro sello Lord/Miller), a veces cortan el ritmo de la agonía espacial.

Pero, a pesar de su metraje hinchado y de que no inventa la rueda (hay ecos de Ad Astra, Gravity y hasta de Héroes fuera de órbita), ‘Proyecto Salvación’ triunfa donde otras fallan: tiene esperanza. No es una ciencia ficción cínica ni oscura. Es didáctica, es divertida y nos recuerda que, a veces, la solución a un problema imposible no es un arma, sino un diccionario y un buen amigo, aunque este suene a sintetizador y coma metales.

Lo mejor: La química imposible entre Gosling y una marioneta. El diseño de producción de «ciencia ficción táctil».

Lo peor: Le sobran 20 minutos de explicaciones científicas y un epílogo que se hace de rogar.