¿Desea saber más? Porque si no has sentido la pulsión patriótica de alistarte en la Infantería Móvil tras ver a un Johnny Rico entrado en años y con un parche en el ojo, es que no tienes sangre (o la tienes verde y pegajosa). Auroch Digital nos lanza a la cara Starship Troopers: Ultimate Bug War!, un shooter que no solo hereda el ADN de la joya satírica de Paul Verhoeven, sino que se siente como un «lost media» de 1997 rescatado de una cinta de VHS olvidada. Es ruidoso, es cínico y es, por encima de todo, una oda al placer de reventar arácnidos sin preguntar por qué.
Propaganda, píxeles y el derecho a ser Ciudadano
Lo primero que te golpea no es un bicho guerrero, sino la metanarrativa. Aquí no eres un héroe; eres un civil jugando a una simulación de reclutamiento diseñada por la Federación para convencerte de que morir en un planeta perdido es un privilegio. El juego se abraza al concepto del «juego dentro del juego» con una brillantez gamberra: cinemáticas que son puros anuncios de adoctrinamiento y un Casper Van Dien entregadísimo que nos recuerda que «todos luchan, nadie se rinde».
Visualmente, el juego es un viaje psicotrópico a la era de los 32 bits. Los soldados humanos son sprites bidimensionales planos —auténticas figuras de cartón que se mueven por escenarios en 3D— mientras que los insectos lucen ese modelado poligonal tosco de la primera PlayStation que resulta extrañamente aterrador. Es una estética «boomer shooter» que funciona porque no intenta ser bonita, sino auténtica. Aquí no hay ray tracing que valga; lo que hay es una lluvia de píxeles rojos y verdes que celebran la violencia gratuita con un orgullo que ya querrían para sí muchas superproducciones actuales.

Moritas, mechs y el caos de la infantería
En el terreno del gunplay, Ultimate Bug War! pasa de la sutilidad. Olvidaos de apuntar con precisión milimétrica; aquí se viene a soltar plomo con el rifle Morita, a achicharrar túneles con el lanzallamas y a sentir la gloria de pilotar un M7 Razorback, ese mech que te hace sentir como Ripley en su mejor día… hasta que se queda sin combustible y se autodestruye en tu cara (una decisión de diseño tan absurda que solo puede ser una broma de la Federación).
La campaña de Sammy Dietz nos lleva por ocho misiones que son puro caos de hordas. La dificultad «Ciudadano» es un bofetón de realidad que te recordará que, en este universo, la vida humana vale menos que una suscripción a la red de la Federación. El diseño de niveles es abierto, permitiendo cierta libertad para elegir qué nido destruir primero, aunque a veces la IA de tus aliados sea tan brillante como una piedra, interponiéndose en tu línea de fuego justo cuando vas a lanzar una bomba nuclear táctica.
El «Simulador de Bicho»: Un experimento con matices
El juego intenta darnos la otra cara de la moneda con las Misiones de Insecto. Controlar al Bicho Asesino y sembrar el terror entre las filas humanas suena idílico en el papel, pero la ejecución es el punto flaco del paquete. El control se siente errático y, aunque arrasar campamentos con fuego y garras tiene su encanto inicial, estas fases carecen de la profundidad y el ritmo frenético de la campaña humana. Son un complemento curioso, un «entremés» de simulación, pero el corazón del juego late con el pulso de un rifle de asalto, no con el de una mandíbula arácnida.

Veredicto: ¡Por la Federación!
Starship Troopers: Ultimate Bug War! es una carta de amor a los que crecimos gritando «¡Venid por mí, hijos de perra!». Con un precio de 24,99 €, ofrece unas 6-10 horas de pura catarsis retro que sabe reírse de sí misma. No es perfecto —el sonido de los disparos puede resultar estridente y las misiones de bicho sobran un poco—, pero captura la esencia gamberra de la franquicia mejor que cualquier secuela cinematográfica. Si buscas un desafío old-school que te haga sentir parte de una maquinaria bélica desquiciada, alístate. La Federación te necesita.
PUNTUACIÓN: 8.0/10




