Miss Marple tiene lana que cortar – ‘Las ovejas detectives’

¿Qué pasaría si Jessica Fletcher fuera una oveja merina? Esa es la premisa, tan marciana como encantadora, de ‘The Sheep Detectives’. Basada en el superventas de Leonie Swann, la película nos traslada a los pastos bucólicos donde George (Hugh Jackman), un pastor con alma de erudito, dedica sus noches a leer novelas de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle a su rebaño. El problema surge cuando George aparece muerto con una pala clavada en el pecho. Convencidas de que las lecciones de Sherlock Holmes no eran solo entretenimiento, sus ovejas deciden que son las únicas capaces de encontrar al culpable en un pueblo lleno de humanos incompetentes.

Elemental, mi querido cordero

Lo que podría haber sido una comedia infantil de trazo grueso se convierte, gracias al guion de Craig Mazin (Chernobyl, The Last of Us), en una pieza de una madurez sorprendente. La película es un «whodunit» de manual, pero con pezuñas. Mientras el policía local (Nicholas Braun) deambula perdido, el rebaño —liderado por la sagaz Lily (voz de Julia Louis-Dreyfus) y el memorioso Mopple (Chris O’Dowd)— analiza pistas con una lógica ovina aplastante. El filme logra equilibrar un humor británico muy fino con reflexiones profundas sobre el duelo, la pérdida y lo que significa ser «prescindible», alejándose del ruido y el slapstick habitual de las producciones familiares actuales.

Una puesta en escena con mucha fibra

Visualmente, el trabajo de Kyle Balda es impecable. Los efectos visuales consiguen que nos olvidemos de que estamos ante animales digitales; tienen peso, volumen y una expresividad contenida que no cae en la caricatura. Aunque el ritmo es pausado y el guion flaquea ligeramente cuando se centra en los dramas de los habitantes del pueblo —con una Emma Thompson que siempre sabe a poco—, el conjunto es una delicia rebosante de corazón. Es una película que respeta la inteligencia del espectador, sea cual sea su edad, y que demuestra que, a veces, la mejor forma de entender la naturaleza humana es observarla desde la altura de un cordero.