Con el inminente estreno de ‘El diablo viste de Prada 2’ este próximo 30 de abril de 2026, el mundo de la moda contiene el aliento. Pero antes de ver a una Miranda Priestly lidiando con el declive del papel frente al imperio digital de una Emily Charlton convertida en ejecutiva, es obligatorio volver al origen. En 2006, David Frankel no solo adaptó un best-seller; creó un icono cultural que, veinte años después, sigue siendo el estándar de oro para medir la ambición femenina, el poder corporativo y, por supuesto, el color exacto de un jersey de rebajas.

Meryl Streep: El susurro que silenció a Hollywood
La genialidad de esta cinta reside en un nombre propio: Meryl Streep. Su decisión de interpretar a Miranda Priestly no como una caricatura de Anna Wintour, sino como una mezcla de la elegancia de Carmen Dell’Orefice y el habla pausada de Clint Eastwood, transformó a una villana de papel en una figura trágica y magistral. Su «discurso del azul cerúleo» no es solo cine; es una lección magistral de economía que democratizó la moda para las masas. A su lado, una Anne Hathaway en estado de gracia y una Emily Blunt que nació para el estrellato completan un tridente actoral que elevó un guion de «película para chicas» a la categoría de estudio sociológico.

El «Efecto Prada»: De la gran pantalla a la Casa Blanca
El legado de la película ha traspasado la ficción. Desde parodias en Los Simpson hasta comparaciones con figuras políticas como Amy Klobuchar, la «economía de El diablo viste de Prada» definió lo que significa ser un asistente en el siglo XXI. Sin embargo, el tiempo ha permitido una lectura más ácida: hoy, el personaje de Nate (Adrian Grenier) es visto por muchos como el verdadero villano, un «novio ancla» incapaz de apoyar el crecimiento profesional de Andy. Esta revisión constante demuestra que la obra de Frankel y la guionista Aline Brosh McKenna sigue viva, alimentando debates sobre la toxicidad laboral y el techo de cristal que aún hoy son dolorosamente relevantes.
Dato para la secuela: La nueva entrega, que ha costado años concretar por las reticencias iniciales de Streep y Hathaway, cuenta con un presupuesto reforzado tras los 326 millones que recaudó la original. Con Kenneth Branagh y Simone Ashley uniéndose al club, la vara está altísima.

Veredicto Retro
‘El diablo viste de Prada’ no ha envejecido ni un solo día. Logró lo que pocas cintas consiguen: que los hombres se sintieran identificados con una jefa implacable y que las mujeres vieran reflejadas sus propias luchas por el éxito. Es una película sobre el compromiso, sobre qué estamos dispuestos a sacrificar por una oportunidad «por la que un millón de chicas matarían». Esperamos que, en este nuevo asalto que llega el 30 de abril, la guerra entre Miranda y Emily mantenga el mismo nivel de ingenio y elegancia, recordándonos que, en este negocio, nunca se debe subestimar el valor de una mujer fuerte.
Lo mejor: La interpretación minimalista de Streep, el diseño de vestuario de Patricia Field y un guion que mejora infinitamente al libro. Lo peor: Un tercer acto que intenta redimir a Nate y una visión del éxito laboral que, vista hoy, resulta peligrosamente tóxica.





