Dice el refrán que «aunque la mona se vista de seda, mona se queda». En el caso de la nueva apuesta de Sony Pictures Animation, el refrán se aplica a una cabra que viste texturas de cómic, fondos de acuarela y un estilo visual heredado de la revolucionaria Spider-Verse, pero que debajo del disfraz esconde el mismo guion de superación deportiva que llevamos masticando desde los tiempos de Air Bud.
‘GOAT’ (o ‘Como cabras’, como han decidido bautizarla aquí en un alarde de originalidad) nos presenta a Will Harris (Caleb McLaughlin), una cabra con el sueño —sorpresa— de ser el mejor en el roarball, un híbrido entre baloncesto y fútbol americano que se juega en escenarios dignos de un Mario Kart con esteroides.

Animación de Champions, guion de Regional
Nadie puede negar que visualmente la película es un caramelo. Tyree Dillihay exprime el libro de estilo de Sony: fondos vibrantes, una tasa de frames juguetona y un diseño de personajes que entra por los ojos. El problema es que el envoltorio es tan «cool» que acaba evidenciando el vacío legal de su historia.
- Stephen Curry produce y apadrina el proyecto, y se nota. La película es un publirreportaje de la cultura NBA, el «grind» y el éxito como única vía de redención.
- El reparto de voces es un desfile de estrellas (David Harbour, Nicola Coughlan, Gabrielle Union) que cumplen con oficio, pero cuyos personajes son arquetipos con patas: el veterano cascarrabias, la estrella egocéntrica y el protagonista «pequeño pero matón».

El «Cringe» generacional
Donde la película patina con estrépito es en su desesperado intento por ser trending topic. El uso de jerga de internet y «slang» de redes sociales se siente tan impostado como un señor de 50 años poniéndose la gorra hacia atrás para caer bien en TikTok. Hay momentos de humor lingüístico que provocan un «cringe» tan profundo que invalidan cualquier intento de conexión emocional con la moraleja de la historia.
En definitiva, Como cabras es un producto de marketing impecable, una fábula deportiva con ritmo de hip-hop que entretendrá a los más pequeños y a los fans más acérrimos de los Warriors, pero que carece de la chispa genuina que hizo grandes a Phil Lord y Chris Miller. Es una película que prefiere parecer importante a serlo.





