De dragones, pactos de sangre y tensión sexual: por qué el romantasy es el nuevo rey de las librerías

En el escaparate de cualquier librería hoy ocurre algo inevitable: portadas con bordes jaspeados, dragones dorados, dagas entrelazadas con rosas y tipografías elegantes que parecen sacadas de un grimorio antiguo.

Si entras, verás a lectores —especialmente jóvenes, pero no solo ellos— buscando con urgencia la continuación de una saga que supera con facilidad las mil páginas.

Lo que estamos presenciando no es una moda pasajera.
Es la consolidación del romantasy.

Un nombre que, una vez lo escuchas, empieza a explicarlo todo: la fusión entre romance y fantasía épica que está dominando las listas de ventas internacionales.

Novelas como Fourth Wing de Rebecca Yarros o la saga A Court of Thorns and Roses de Sarah J. Maas han permanecido durante meses en las listas de bestsellers del New York Times, mientras comunidades enteras de lectores en redes como TikTok convierten cada nuevo lanzamiento en un fenómeno global.

El romantasy ya no es un nicho.
Es uno de los motores actuales del mercado editorial.

Ni solo magia, ni solo amor

Durante décadas, las estanterías literarias estaban claramente divididas.

Por un lado, la fantasía épica tradicional: mundos vastos, mapas complejos, guerras dinásticas y sistemas de magia minuciosamente diseñados.

Por otro, la novela romántica, centrada en relaciones emocionales intensas y finales felices.

El romantasy ha derribado esa frontera.

En estas novelas, el worldbuilding es ambicioso: hay jerarquías políticas, criaturas míticas, academias de magia o reinos enfrentados. Pero, a diferencia de la fantasía clásica —donde el amor suele ser una subtrama secundaria—, aquí el romance es el verdadero motor de la historia.

La fórmula es poderosa porque combina dos de las pulsiones narrativas más antiguas:

  • el escapismo de un mundo fantástico
  • la intensidad emocional de una gran historia de amor

En muchos sentidos, el romantasy es también el heredero del movimiento New Adult (NA), surgido a principios de los años 2010 para cubrir el vacío entre la literatura juvenil (YA) y la adulta. Sus protagonistas suelen tener entre 19 y 25 años y habitan mundos donde las relaciones, el deseo y el poder se exploran sin las limitaciones habituales de la ficción juvenil.

Las academias de magia, las cortes feéricas o los ejércitos de jinetes de dragones sustituyen al instituto, pero los conflictos emocionales siguen siendo igual de intensos.

De nicho a fenómeno global

Aunque el término romantasy es relativamente reciente, la mezcla entre romance y fantasía no es nueva.

Durante los años noventa y principios de los 2000, autoras como Anne Bishop (The Black Jewels), Jacqueline Carey (Kushiel’s Dart) o Laurell K. Hamilton ya exploraban mundos fantásticos donde la relación entre deseo, poder y política ocupaba un lugar central.

También el auge del urban fantasy romántico —con autoras como Patricia Briggs o Nalini Singh— ayudó a consolidar un público que buscaba historias sobrenaturales con una fuerte carga emocional.

Pero el verdadero punto de inflexión llegó en la década de 2010.

Los reyes del tablero: de Sarah J. Maas a los jinetes de dragón

Si hay un nombre que explica el boom contemporáneo del romantasy es Sarah J. Maas.

Con su saga A Court of Thorns and Roses (conocida entre los fans como ACOTAR), Maas redefinió el género al combinar fantasía inspirada en mitología feérica con una narrativa romántica serializada que evoluciona a lo largo de varios volúmenes.

Sus protagonistas femeninas tienen poder, deseo y agencia dentro del mundo que habitan, mientras las relaciones románticas se desarrollan lentamente a lo largo de cientos de páginas, acumulando tensión emocional y política.

El fenómeno se amplificó aún más con Rebecca Yarros, cuya novela Fourth Wing convirtió una academia militar de jinetes de dragones en uno de los mayores éxitos editoriales de la década.

El impacto económico ha sido notable. Según estimaciones de Nielsen BookScan, las ventas combinadas de ficción romántica y fantasía en el mercado anglosajón han crecido entre un 40 y un 50 % en los últimos años, impulsadas en gran parte por el auge del romantasy y el fenómeno BookTok.

Editoriales como Entangled Publishing, responsable de publicar a Yarros, han pasado de ser sellos independientes a actores relevantes del mercado gracias a este boom.

Los tropos: el lenguaje secreto de los lectores

El éxito del romantasy tampoco se entiende sin los llamados tropos narrativos, estructuras reconocibles que los lectores buscan deliberadamente.

En comunidades como BookTok, estos tropos funcionan casi como etiquetas de recomendación.

Algunos de los más populares incluyen:

Enemies to lovers
Dos personajes enfrentados —enemigos políticos, rivales o criaturas de mundos opuestos— que terminan enamorándose.

Solo hay una cama
El recurso narrativo que obliga a los protagonistas a compartir espacio físico, intensificando la tensión emocional.

Fated mates
La idea de que dos almas están destinadas mágicamente a encontrarse, quieran o no.

Morally grey love interest
El interés romántico ambiguo, poderoso y moralmente cuestionable.

A estos elementos se suma otro factor clave dentro del fandom: el nivel de “spice”, una forma informal de medir el grado de contenido erótico de una novela, a menudo representado con iconos de chiles o escalas similares.

Para muchos lectores, el nivel de spice es una información tan relevante como la presencia de dragones o magia, ya que diferencia estas novelas de la fantasía juvenil más tradicional.

En este ecosistema, los lectores no buscan simplemente «una novela de fantasía».

Buscan un enemies-to-lovers con dragones… y cierto nivel de spice.

BookTok y la nueva economía del libro

El crecimiento explosivo del romantasy está íntimamente ligado al fenómeno BookTok, la comunidad literaria de TikTok que ha redefinido el descubrimiento editorial.

En esta plataforma, escenas concretas, tropos románticos o giros emocionales se convierten en clips virales capaces de disparar las ventas de un libro en cuestión de días.

Novelas como Fourth Wing vendieron cientos de miles de copias incluso antes de su publicación gracias a la expectación generada en redes.

Las editoriales han respondido adaptando sus estrategias: ediciones con cantos pintados, portadas especiales y tiradas limitadas se han convertido en parte fundamental del fenómeno.

El romantasy no solo se lee. También se colecciona.

El refugio de la épica emocional

El éxito del romantasy también responde a un contexto cultural específico.

Muchos de sus lectores pertenecen a la generación que creció con sagas juveniles como Crepúsculo o Los Juegos del Hambre. Aquellos adolescentes hoy son adultos jóvenes que siguen buscando mundos fantásticos, pero también relaciones más complejas, maduras y explícitas.

El romantasy puede entenderse, en este sentido, como la evolución natural de la fantasía juvenil de los 2000. Dragones en lugar de vampiros. Reinos en lugar de institutos. Pero la misma intensidad emocional.

En una era marcada por el consumo rápido y las relaciones digitales fragmentadas, estas novelas ofrecen lo contrario: historias donde el amor implica riesgo, sacrificio y transformaciones profundas.

Criaturas mágicas que siempre han estado con nosotros

En realidad, el romantasy nunca ha estado del todo ausente de la imaginación colectiva.

Desde los mitos de Hades y Perséfone hasta fenómenos culturales más recientes como Crepúsculo, la mezcla entre lo sobrenatural y lo pasional siempre ha ejercido una poderosa atracción narrativa. La diferencia es que hoy el género ha alcanzado una nueva madurez editorial.

Ya no se esconde en los márgenes de la literatura juvenil ni en nichos de fantasía romántica. Ha conquistado las mesas centrales de las librerías y las listas de bestsellers internacionales.

El romantasy no es solo un híbrido literario. Es el punto de encuentro entre fantasía épica, deseo romántico y cultura digital.

Y, a juzgar por el fervor de sus lectores, sus dragones todavía tienen mucho fuego que escupir.