THE BEAUTY (Disney+): la sustancia de Ryan Murphy se mira al espejo… y le guiña el ojo

Hay una premisa que, en manos de cualquiera, sería un capítulo especial de Black Mirror; y en manos de Ryan Murphy acaba siendo, inevitablemente, una pasarela de carne, neón y mala conciencia. The Beauty parte de una idea tan simple como obscena: una “cura” de transmisión sexual —la Belleza— promete atractivo físico instantáneo reescribiendo tu cuerpo… mientras esconde efectos secundarios letales. Y cuando el mundo empieza a llenarse de gente perfecta que muere de formas imposibles, la investigación del FBI se convierte en una carrera contra una epidemia que no solo contagia belleza: contagia deseo, poder y pánico.

SINOPSIS

Un virus/droga sexual convierte a sus portadores en versiones físicamente “idealizadas” de sí mismos. La promesa se vuelve fenómeno global… hasta que las muertes empiezan a acumularse. Los agentes Cooper Madsen (Evan Peters) y Jordan Bennett (Rebecca Hall) investigan una cadena de casos que les lleva a un magnate biotecnológico apodado “The Corporation” (Ashton Kutcher) y a los intereses que están monetizando la epidemia.

CRÍTICA

The Beauty no pretende ser sutil. Lo suyo es el golpe de efecto: glamour, violencia, sexo, cámara lenta, música machacona y un body horror que funciona como metáfora literal (y a veces demasiado literal) de la tiranía estética. A ratos es asquerosamente divertida, de esas series que te hacen reír justo cuando te estás tapando media cara con la mano. Y a ratos se siente como Murphy en modo “barra libre”: ideas lanzadas a toda velocidad, sin terminar de cuajar en un discurso que te atraviese de verdad.

La serie acierta cuando se deja llevar por su propia naturaleza camp: ese punto de fábula grotesca donde lo importante no es el realismo, sino la sensación de estar viendo un mundo enfermo que se cree sano. Y también cuando recuerda que el horror corporal no es solo un adorno: es un mecanismo de incomodidad. Ahí, cuando la transformación duele y la “belleza” se vuelve castigo, la serie encuentra su mejor tono.

Donde flaquea es en lo que suele separar un “placer culpable de lujo” de una sátira con colmillo: la profundidad. Hay crítica a los estándares de belleza, sí, pero con frecuencia se queda en la obviedad o en el subrayado, como si la serie tuviera miedo de que no pilles el chiste si no te lo explica dos veces. Ese desequilibrio está también en la recepción crítica, o sea: “bien… pero no redonda”.

Aun así, tiene algo muy Murphy: no puedes apartar la mirada. Aunque sea para decir “¿pero qué narices estoy viendo?”, sigues. Y eso, en un estreno de enero, ya es media victoria.

NOTA: 7/10

Lo Mejor:

  • La premisa: simple, macabra y muy de nuestro tiempo.
  • Cuando abraza el exceso (y no intenta disculparse por ello), es puro entretenimiento tóxico del bueno.
  • El dúo investigador como “barómetro moral” dentro del circo.

Lo Peor:

  • El comentario social a veces se queda en “titular”, sin el bisturí que la idea pedía.
  • Irregularidad de tono: hay tramos donde parece no decidir si quiere ser sátira, thriller o videoclip sangriento.