Hay series policíacas que quieren que adivines “quién lo hizo”, y hay otras que, desde el minuto uno, te dejan claro que aquí lo interesante no es el misterio sino la caída. Task pertenece al segundo grupo: un thriller criminal con aspecto de procedural y alma de tragedia doméstica, donde la violencia no es un clímax sino un idioma cotidiano.
Creada por Brad Ingelsby (el mismo nombre detrás de Mare of Easttown), la serie se estrenó en HBO el 7 de septiembre de 2025 con una primera temporada de siete episodios, y ya tiene encargo de más capítulos (HBO la renovó para una segunda temporada).
De qué va (sin humo)
El agente del FBI Tom Brandis (Mark Ruffalo), con base en Philadelphia, lidera un grupo de trabajo para investigar una cadena de asaltos a casas de seguridad vinculadas a bandas de moteros. En paralelo, la serie sigue a Robbie Prendergrast (Tom Pelphrey), basurero de día, ladrón de noche, y sobre todo un tipo que lleva tanto tiempo perdiendo que ya ni recuerda cuándo empezó la partida.
Lo que parece una caza del gato y el ratón se va convirtiendo, capítulo a capítulo, en un duelo de dos hombres rotos que se mueven por inercia: uno persigue porque es lo que toca; el otro roba porque es lo único que se le da medianamente bien. Y la serie, muy lista, no te pide que elijas bando: te pide que mires el daño.
Lo mejor: Pelphrey, Ruffalo y el arte de “no salvar a nadie”
Si Task engancha, es porque entiende algo que muchas ficciones han olvidado: la desesperación es más adictiva que el suspense. Pelphrey compone a Robbie con una mezcla rarísima de nervio, vergüenza y ternura (ese hombre parece pedir perdón incluso cuando miente). Ruffalo, en cambio, trabaja desde lo opuesto: agotamiento, fe amputada, mirada de “he visto demasiadas cosas y ninguna me ha servido”. Cuando la serie por fin los pone cara a cara, se nota que ahí estaba el combustible desde el principio.
Ingelsby además juega a lo coral con bastante puntería: familiares, compañeros, daños colaterales… no como decoración, sino como recordatorio de que cada decisión deja esquirlas. No es “policías y ladrones”: es “padres, hijos, errores y facturas”.
Lo discutible: miseria constante y un final que divide
Aquí viene la trampa: Task es tan fiel a su tono sombrío que a veces se pasa de rosca. Cuando todo es gris oscuro, cuesta que un golpe duela más que el anterior. Hay espectadores que lo leerán como coherencia moral (“en esta vida nadie se va limpio”) y otros como insistencia (“vale, ya lo he pillado, no hace falta subrayar con otro cadáver”). Esa misma dureza hace que ciertas decisiones del tramo final se sientan o demasiado complacientes o demasiado arbitrarias, según el umbral de paciencia de cada uno.
Veredicto
Task no es la serie que ves para “pasarlo bien”. Es la que ves para que te deje una piedra en el estómago y, si te pilla con la guardia baja, una idea fea rondándote la cabeza: que a veces no hay giro salvador, solo gente intentando sobrevivirse a sí misma.
Y, dentro de ese tipo de historias, es de las que mejor trabajan lo esencial: rostros, silencios, decisiones equivocadas y esa sensación de que el mundo no se rompe con una explosión… sino con pequeñas renuncias.




