‘RIPLEY’ (Netflix) – una serie hipnótica y embaucadora cocinada a fuego lento

Si Netflix fuera una ciudad, Ripley sería ese cine-club en una calle sin neón: no te llama a gritos, no te pide que “hagas binge” como si estuvieras picando patatas, pero cuando entras… te obliga a mirar. Y a mirar bien.

Steven Zaillian adapta El talentoso Mr. Ripley (o, mejor dicho: el personaje de Patricia Highsmith) en formato miniserie (8 episodios) con una decisión que ya te coloca en otro carril: blanco y negro. No como filtro “prestigio”, sino como gramática. Italia no es postal, es geometría: escaleras, fachadas, sombras que parecen cuchillos lentos. El ritmo también va así: mesurado, casi administrativo, como si la serie supiera que el verdadero suspense no está en “qué va a pasar”, sino en cuánto tarda en pasar… y cuánto tarda en delatarte a ti como cómplice.

Andrew Scott hace un Ripley menos carismático de catálogo y más inquietante: un hombre que no seduce; se infiltra. No parece un depredador elegante, sino un tipo capaz de pasar desapercibido en una habitación… hasta que de pronto te das cuenta de que ha movido todos los muebles. Es una interpretación que convierte la mentira en algo físico: postura, respiración, ojos que calculan sin prisa. La serie te enseña el fraude como artesanía: documentos, firmas, tiempos muertos, pequeñas decisiones que, acumuladas, forman un crimen perfecto o una ruina inevitable.

Dakota Fanning y Johnny Flynn orbitan ese agujero negro con precisión: Marge es menos “novia decorativa” de lo que suele permitir la tradición, y Dickie no es solo un rico caprichoso, sino un espejo: el tipo de persona que vive tan cómodo que no detecta el peligro hasta que lo tiene sentado en su mesa.

¿El “pero”? Que Ripley no negocia con el espectador impaciente. Hay momentos donde la contemplación roza la reiteración; Zaillian estira algunas secuencias porque puede, no siempre porque haga falta. Si entras esperando la adrenalina de un thriller moderno, te va a parecer que la serie te mira por encima del hombro. Si entras aceptando el pacto (neo-noir de cocción lenta, tensión por acumulación), es de las cosas más hipnóticas que ha estrenado Netflix en años.

En resumen: Ripley no quiere gustarte. Quiere que la admires… y que, cuando te sorprendas animando al impostor, te preguntes qué parte de ti también quería ser él.