Cumplir 40 años suele traer crisis existenciales, pero para ‘Regreso al Futuro’ ha traído un lavado de cara con purpurina, luces LED y un sistema de sonido que ríete tú del amplificador que Marty revienta al principio de la peli. Olvidaos de rumores de ‘Back to the Future IV’; la verdadera secuela —o más bien, la «reimaginación» definitiva— vive ahora en el teatro.
El DeLorean: El actor mejor pagado del show
Vamos a lo importante: el coche. Si vas al teatro esperando ver a dos actores haciendo el tonto con una caja de cartón, te has equivocado de década. El DeLorean de este musical es una puñetera maravilla de la ingeniería escénica. Gira, se ilumina, desaparece y, en el clímax final (tranquilos, sin spoilers), hace algo que literalmente hace saltar a la gente de su butaca. Es el verdadero protagonista, el «efecto WOW» que justifica cada euro de la entrada.
¿Copia de seguridad o versión original?
El consenso crítico es claro: si buscas una ruptura con el pasado, esto no es para ti. Bob Gale (guionista original y protector feroz de la saga) ha escrito un libreto que es una carta de amor —casi un calco— a la película de 1985.
- Los protagonistas: Roger Bart (el Doc original del musical) no interpreta a Emmett Brown; interpreta a Christopher Lloyd interpretando a Emmett Brown. Y funciona. Es un payaso encantador que rompe la cuarta pared para mofarse de lo absurdo que es que un grupo de bailarines aparezca de la nada cada vez que empieza a cantar.
- Los cambios: Adiós a los libios (sustituidos por un accidente nuclear un poco más «apto para todos los públicos») y hola a un Biff Tannen que, curiosamente, tiene uno de los mejores números musicales de la obra.
La música: ¿Hacen falta canciones?
Aquí es donde la crítica se divide más que el continuo espacio-tiempo. Alan Silvestri y Glen Ballard han creado temas nuevos que, seamos sinceros, no te vas a ir tarareando a casa. Lo que realmente levanta el teatro son los clásicos: cuando suenan los acordes de ‘The Power of Love’ o Marty se cuelga la guitarra para ‘Johnny B. Goode’, es cuando la adrenalina sube a 1.21 gigavatios.
Es un «musical de souvenir». No viene a revolucionar el género, sino a darte una inyección de felicidad ochentera. Es ruidoso, es vibrante y es lo más cerca que estarás nunca de subirte a un coche que vuela.
Lo que tienes que saber si vas:
- No te sientes en primera fila: Te perderás la mitad de los efectos visuales y la profundidad del escenario. Tres o cuatro filas atrás es el «dulce hogar».
- Es para fans: Si no has visto la peli, te perderás la mitad de los guiños (y probablemente te preguntes por qué una madre está intentando ligar con su hijo de forma tan intensa).
- El factor nostalgia: Ver a George McFly clavar los tics de Crispin Glover es una experiencia casi religiosa para los seguidores acérrimos.




