Lo que prometía ser el gran evento familiar de 2025 se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza contables para la Casa del Ratón. Según un informe reciente de Forbes, el remake de acción real de ‘Blancanieves’ no solo no cumplió con las expectativas, sino que ha dejado un agujero financiero de proporciones épicas en las arcas de la compañía.
Un presupuesto fuera de control
Aunque inicialmente se barajaba una cifra cercana a los 270 millones, los datos fiscales revelados por Forbes elevan el gasto bruto de la producción dirigida por Marc Webb hasta los 336,5 millones de dólares. Este presupuesto supera al de producciones masivas como ‘Rogue One’ o el remake de ‘La Bella y la Bestia’, con la diferencia de que esta última logró recaudar 1.300 millones en su día.
Sumando los costes de marketing y distribución, se estima que Disney ha perdido aproximadamente 170 millones de dólares con el proyecto. La cinta apenas logró recaudar 205 millones en la taquilla mundial, una cifra ínfima comparada con su coste total.
Una tormenta perfecta de controversias
El fracaso comercial de la película no puede entenderse sin el «ruido» mediático que la acompañó desde su gestación. La producción se enfrentó a un cóctel de críticas que dinamitaron su imagen pública:
- Boicots políticos: La elección de Gal Gadot como la Reina Malvada generó rechazo en ciertos sectores debido a sus posturas políticas.
- Declaraciones polémicas: Rachel Zegler (Blancanieves) fue blanco de críticas tras cuestionar el valor de la película animada original de 1937, lo que alejó al público más nostálgico.
- Estereotipos y representación: El actor Peter Dinklage cargó duramente contra el filme por considerar que seguía perpetuando estereotipos sobre el enanismo, obligando al estudio a realizar cambios creativos de última hora que encarecieron la producción.
Tras su decepcionante paso por los cines, Disney intentó salvar los muebles estrenando la cinta en su plataforma Disney+ en junio de 2025, buscando amortizar la inversión a través del streaming. Sin embargo, los números de Forbes confirman que el golpe ha sido inevitable.




