Tras reventar el panorama poético con su Premio Nacional en 2023, Mayte Gómez Molina cambia de registro y se estrena en la narrativa de largo aliento con ‘La boca llena de trigo’ (Anagrama). La granadina deja a un lado el «encaje de bolillos» de la lírica para construir una fábula ácida sobre Anna, una artista que, tras ganar un concurso de dibujo infantil, termina atrapada en las fauces de la galerista más poderosa del país. Es una historia sobre la tecnología más perfecta que existe —la palabra— usada para diseccionar cómo el mercado devora la vocación hasta convertirla en una obligación asfixiante.
Escrita bajo la paz de un «parón» laboral en Suiza, la novela funciona como un espejo deformante de la mitología del artista-genio y la tiranía de la cuantificación moderna (estrellitas, likes y métricas de éxito). Gómez Molina huye de la arrogancia masculina del sector para abrazar la duda fértil, recordándonos que el éxito masivo suele ser una cárcel de expectativas. Si la poesía era su flecha certera, esta incursión en la prosa es un campo de minas sobre la identidad y el precio de cumplir los sueños de infancia. Un disparo al centro de la línea de flotación del mundo del arte.




