Guerra en el vacío: Marvel corona a su ‘Queen in Black’ entre bolsas sorpresa

El verano de Marvel no será apto para fóbicos a la oscuridad. Al Ewing e Iban Coello suben la apuesta de la mitología simbionte con Queen in Black, un evento en cinco actos donde Hela, la regente del Hel, decide que el trono del vacío dejado por Knull luce mejor con su estética asgardiana. Tras la densa y brillante etapa de Ewing en Venom —donde transformó a Eddie Brock en una entidad cósmica capaz de viajar por el tiempo—, esta colisión entre la Diosa de la Muerte y el Dios del Abismo promete dejar a la Tierra como el daño colateral de un divorcio divino. Con Spider-Man, los Brock y Mary Jane en el epicentro, la serie se perfila como el clímax de años de planificación editorial donde lo sobrenatural y lo alienígena finalmente dejan de pedir permiso para fusionarse.

Lo que hace este lanzamiento especialmente «sucio» para el bolsillo del coleccionista es el regreso del programa True Believers. El número 1 de Queen in Black llegará sellado en bolsas sorpresa, una maniobra de marketing que Marvel ya testó con éxito en Ultimate Endgame y Daredevil. El morbo es puramente especulativo: dentro de cada bolsa se esconde una variante exclusiva que no se puede encargar por catálogo, incluyendo bocetos originales dibujados a mano que son, básicamente, billetes de lotería en papel cuché. Mientras Ryan Stegman firma la portada regular, nombres como Peach Momoko y Chip Zdarsky se suman al festín de variantes para asegurar que nadie se quede con una sola copia.

Ewing lo tiene claro: la única amenaza peor que un dios maligno son dos de ellos peleándose por ver quién apaga antes la luz de la existencia. Queen in Black no es solo una miniserie; es la validación de que Hela ha subido de división, colocándose al nivel de amenaza de Knull y obligando a los héroes de Marvel a elegir entre dos visiones distintas del olvido. En julio sabremos si el universo sobrevive a este choque de trenes teológico o si, como sugieren las bolsas sorpresa de Marvel, el futuro del cómic pasa definitivamente por convertir la lectura en un juego de azar de alto riesgo.