Si vas al Teatro Apolo y crees que estás viendo doble, no es que el gin-tonic del descanso te haya sentado mal. Es que el musical más épico de la historia, ‘Los Miserables’, tiene truco familiar. Adrián Salzedo y Carlos Solano no solo comparten sangre y apellido (bueno, el del DNI, que para el artístico cada uno ha tirado por su lado); ahora también se alternan para dar vida al legendario Jean Valjean.
De jugar en las calles de Torrejón de Ardoz a liderar el estreno más taquillero en España desde que ‘El Rey León’ puso su primera garra en la Gran Vía hace 15 años. ¡Casi nada!
Una madre «Lola Flores» y un destino marcado
La culpa de todo esto la tiene su madre. «Es como la Lola Flores: ni canta ni baila, pero no te la puedes perder», dicen entre risas. Ella y su padre los metieron en el mundillo de la zarzuela amateur en Torrejón y, desde entonces, el escenario ha sido su salón de juegos.
La historia de Carlos con este musical es de récord Guinness:
- Hace 33 años: Debutó como el niño Gavroche en el mismo teatro.
- Hoy: Es el único español que ha estado en las tres producciones históricas del musical en Madrid.
- El giro de guion: Siempre lo ha compartido con un hermano. Primero con Víctor Díaz (el mayor) y ahora con Adrián, el «pequeño» de la saga.
«Creemos que es la primera vez en la historia que dos hermanos comparten el papel de Jean Valjean. ¡Es muy fuerte!», exclama Adrián.
Éxito total: 100 funciones y lleno diario
El regreso de la obra de Víctor Hugo (quien, por cierto, celebraría su cumpleaños coincidiendo con este hito) no podría ser más dulce. El montaje de Cameron Mackintosh es una versión modernizada, más ágil y potente, que está colgando el cartel de «No hay entradas» noche tras noche frente a más de 1.000 personas.
El juego del despiste (y los autógrafos falsos)
Lo mejor es que son tan parecidos que hasta ellos mismos se aprovechan. Adrián confiesa que cuando era más joven y su hermano hacía ‘Grease’, él se dedicaba a firmar autógrafos en la puerta haciéndose pasar por Carlos. «¡Hay fotos firmadas por Adrián que valen más que las mías!», bromea el mayor.
Incluso ahora, los fans felicitan a uno por la función que dio el otro la noche anterior. Pero no hay piques; son una piña. Se definen como «cuchichí» (nietos de gitanos casados con payos) y esa energía se nota en unas funciones que te dejan emocionalmente destruido pero con la adrenalina por las nubes.
¿Qué es lo próximo?
Después de tocar el techo del teatro musical, estos hermanos no piensan quedarse quietos. Aunque Adrián confiesa un poco de «síndrome del impostor» al verse en la cima tan joven, ambos tienen la mirada puesta en el futuro: producir su propio musical. Si tiene la mitad de arte que su familia, ya estamos comprando la entrada en primera fila.




