Con Avatar 3 ya estrenada y el futuro de Pandora encarrilado, James Cameron por fin puede dar el salto al proyecto que lleva más de una década persiguiendo: The Last Train from Hiroshima, un drama histórico que marcará su primer film “no-Avatar” desde Titanic (1997). Un giro radical para uno de los directores más técnicos del mundo, que aquí busca su obra más humana y dolorosa.
La película adaptará el libro de Charles Pellegrino The Last Train from Hiroshima: The Survivors Look Back y contará la historia real de Tsutomu Yamaguchi, el único hombre reconocido oficialmente por el gobierno japonés como superviviente de ambas bombas atómicas: Hiroshima y Nagasaki. Cameron conoció personalmente a Yamaguchi poco antes de su muerte y ha repetido que siente una responsabilidad moral con su historia. Su intención es realizar una película “sin concesiones”, cruda, directa y profundamente respetuosa.
La producción arrancará cuando Cameron complete las labores finales vinculadas a Avatar 4, y aunque las fechas siempre se mueven en los calendarios del director, el objetivo no oficial apunta a un estreno hacia 2027, dependiendo del ritmo de la saga pandoriana.
Pero Hiroshima no es el único proyecto en la mesa: Cameron también ha adquirido los derechos de Los Diablos, la novela de fantasía oscura de Joe Abercrombie. El libro, grimdark en vena, sigue a un grupo de monstruos —un vampiro, un elfo, un caballero inmortal, un hombre lobo y un sacerdote— obligados por un joven Papa tiránico a escoltar a una princesa en un viaje brutal, lleno de magia, sangre y humor negro. Cameron ha descrito la novela como “una aventura terrorífica, irónica y divertidísima”, justo lo contrario del tono solemne e histórico de Hiroshima.
El propio director lo resume bien: Hiroshima es la película que siente que debe hacer; Los Diablos, la que quiere hacer por diversión.
Ambos proyectos marcan la era post-Pandora de Cameron, una en la que el director podría alternar entre su vena más épica y tecnológica… y su lado más oscuro, humano y experimental. Si algo ha demostrado Cameron en 40 años, es que nunca vuelve exactamente por el mismo camino. Aquí tampoco piensa hacerlo.




