Imagínate por un momento 1993. Tienes entre manos una serie sobre alienígenas, conspiraciones gubernamentales y una tensión sexual no resuelta que ríete tú de los imanes de neodimio. Tienes a un tal Chris Carter (el creador) insistiendo en que la protagonista debe ser una científica escéptica, inteligente y contenida. Y entonces llegan los ejecutivos de FOX y preguntan: «Vale, muy bien, ¿pero dónde están las tetas?».
Sí, amigos. La historia de Gillian Anderson como la agente Dana Scully es la lucha de una actriz contra el cliché de la «rubia explosiva» que casi nos deja sin uno de los iconos más grandes de la cultura pop.
«¿Dónde está el sex appeal?»: El empeño por Pamela Anderson
Chris Carter lo ha soltado en más de una entrevista: los directivos de FOX no veían a Gillian. Para ellos, era «demasiado seria», «demasiado desconocida» y, básicamente, no encajaba en el estándar de sex symbol de la época. ¿Su propuesta? Alguien como Pamela Anderson.
Querían una Scully que pareciera recién salida de un póster de Los Vigilantes de la Playa. No entendían que la verdadera revolución de Expediente X era, precisamente, que el «atractivo» de Scully residía en su cerebro, en su mirada de «no me creo nada de lo que dices, Mulder» y en su profesionalidad inquebrantable. Afortunadamente, Carter se plantó, peleó por Gillian (y por un también desconocido David Duchovny) y el resto es historia de la televisión.
El dato: Gillian Anderson no solo ganó la batalla, sino que creó el «Efecto Scully»: un fenómeno documentado que explica cómo aumentó masivamente el número de mujeres que se matricularon en carreras científicas y de medicina gracias a su personaje. Pamela, lo sentimos, pero el microscopio te habría lucido menos.
El «Después»: La consagración de una dama y la redención de un icono
Lo más curioso de esta historia es ver dónde están hoy las dos «Anderson» que se disputaron (sin saberlo) el despacho del FBI.
Gillian Anderson: La reina de la metamorfosis
Tras colgar la placa en 2002 (y retomarla en los regresos de 2016), Gillian no se quedó estancada en el sótano de los casos sin resolver. Se mudó a Londres y se convirtió en la aristócrata de la actuación:
- Nos heló la sangre como la detective Stella Gibson en ‘The Fall’.
- Nos dio una lección de terapia sexual (y comedia) en ‘Sex Education’.
- Y, por si fuera poco, se llevó todos los premios posibles (Emmy y Globo de Oro incluidos) por transformarse en Margaret Thatcher en ‘The Crown’. Hoy, nadie duda de su «atractivo»: es pura elegancia y talento volcánico.
Pamela Anderson: El renacimiento que nadie vio venir
Por su parte, Pamela Anderson ha vivido su propia «venganza» contra los que solo la veían como un físico. Tras décadas de ser tratada como un chiste por la industria, Pamela ha recuperado su narrativa:
- En 2022 debutó en Broadway como Roxie Hart en ‘Chicago’, recibiendo críticas sorprendentemente buenas.
- Su documental en Netflix, ‘Pamela: A Love Story’, y sus memorias han revelado a una mujer inteligente, resiliente y harta de los estereotipos que, irónicamente, los mismos ejecutivos de FOX querían imponerle en los 90. Al final, Pamela también quería ser tomada en serio, solo que el sistema no la dejó hasta ahora.
¿Qué pasa con el Reboot?
Mientras Gillian y Pamela brillan por méritos propios, el universo de Expediente X se prepara para un lavado de cara. Ryan Coogler (Black Panther) está al mando de una nueva versión. Chris Carter ya le ha dado su bendición, aunque admite que es raro ver a otro mover los hilos. ¿Veremos a Scully de nuevo? Gillian no cierra la puerta del todo, pero tras verla como Primera Ministra británica, quizá el FBI se le quede pequeño.




