Los Óscar de Paul Thomas Anderson: el triunfo de la vieja escuela en la era del streaming

La 98.ª edición de los Premios Óscar, celebrada la madrugada del 15 de marzo, ha certificado por fin la deuda de la Academia con uno de los grandes autores contemporáneos. Paul Thomas Anderson y su cinta bélica Una batalla tras otra (One Battle After Another) fueron los grandes triunfadores de una noche sin grandes sobresaltos, llevándose seis estatuillas, incluyendo Mejor Película, Dirección y Guion Adaptado. La gala, conducida por Conan O’Brien, apostó por un formato más ágil y menos politizado, aunque para muchos críticos resultó algo predecible. La gran sorpresa de la noche la dio Michael B. Jordan, quien se alzó con el premio a Mejor Actor por su doble papel en Sinners (Los pecadores), imponiéndose a pesos pesados como Leonardo DiCaprio y un Timothée Chalamet que vuelve a irse de vacío.

El palmarés refleja un equilibrio milimétrico entre el cine de autor y el espectáculo de género. Mientras que Una batalla tras otra dominó las categorías principales, el terror gótico de Frankenstein, de Guillermo del Toro, se hizo fuerte en el apartado técnico con tres premios (Diseño de Producción, Vestuario y Maquillaje). Por su parte, la otra gran favorita, Sinners, recolectó cuatro estatuillas, destacando el Mejor Guion Original para Ryan Coogler y una banda sonora de Ludwig Göransson que ya es historia del cine. En las categorías femeninas, Jessie Buckley confirmó los pronósticos ganando como Mejor Actriz por Hamnet, ofreciendo uno de los discursos más humanos de la noche, mientras que Amy Madigan saltó la banca como Actriz de Reparto por Weapons, superando a la favorita Teyana Taylor.

Más allá de los datos, la ceremonia dejó una sensación agridulce: la de una Academia que parece haber encontrado un refugio seguro en el academicismo para evitar polémicas. Si bien es justo que el cine de Anderson reciba su corona definitiva, se echó de menos algo más de riesgo en una gala que, por momentos, se sintió como un trámite de lujo. La derrota de la española Sirat, de Oliver Laxe, ante la noruega Valor sentimental en la categoría internacional, y la consolidación de fenómenos pop como Las guerreras K-Pop (Mejor Película de Animación), dibujan una industria que sabe premiar el talento, pero que tiene pavor a lo imprevisto. Nos queda, eso sí, la imagen de un Michael B. Jordan emocionado reivindicando el cine de género como un espacio legítimo para la excelencia interpretativa.