James Gunn y Peter Safran siguen ampliando los márgenes tonales del nuevo DCU, y Clayface apunta a ser su apuesta más radical: un thriller de terror corporal, con ADN de La mosca, que reinterpreta al clásico villano de Batman como una tragedia hollywoodiense de carne, arcilla y obsesión. La película, tercera del Capítulo Uno: Dioses y Monstruos, llegará el 11 de septiembre de 2026 y está dirigida por James Watkins (Eden Lake, Speak No Evil).
El protagonista será Tom Rhys Harries, elegido tras una búsqueda exhaustiva para interpretar a Matt Hagen, un actor prometedor cuyo rostro queda desfigurado por un gánster. Desesperado por recuperar su vida, recurre a la científica Dra. Caitlin Bates, interpretada por Naomi Ackie, una investigadora brillante y marginal que experimenta con procedimientos extremos. Lo que comienza como una cura se convierte en una metamorfosis terrorífica: Hagen muta en una criatura viva hecha de arcilla. Max Minghella completa el trío principal como un detective de Gotham que mantiene una relación con Bates.
La cinta nació de una vieja obsesión de Mike Flanagan, autor del primer guion y gran admirador del doble episodio “La hazaña de Clay” de Batman: La serie animada. Aunque Flanagan no pudo dirigir por problemas de agenda, su tono —terror, tragedia y un monstruo profundamente humano— se mantiene intacto tras las reescrituras de Hossein Amini (Drive, The Two Faces of January). El proyecto convenció a Gunn, a Safran y a Matt Reeves, quien produce la película a través de 6th & Idaho, en un raro cruce entre el DCU principal y el universo Gotham que Reeves explora desde The Batman.
El rodaje, realizado entre agosto y noviembre de 2025 en Liverpool y los estudios Leavesden, reprodujo rincones de Gotham City con un presupuesto reducido de unos 40 millones de dólares, lo que refuerza su enfoque más íntimo y grotesco, alejado de la épica superheroica convencional. Gunn ha insistido en que Clayface será clasificada R, sin concesiones al kitsch ni al tono pulp: la apuesta es un horror emocional sobre la desintegración física… y sobre lo que un actor puede llegar a sacrificar para no dejar de ser visto.
Con Clayface, el DCU demuestra que su lema “Dioses y Monstruos” no es una metáfora: algunos monstruos nacen de accidentes. Otros, del deseo de seguir siendo alguien en un mundo que te ha borrado la cara.




